Enrique Ponce, que hizo un gran esfuerzo frente al quinto, de Victoriano del Río, hacía el siguiente balance de su actuación: “El toro era de esos de llevarte de cabeza. Entre este y el de Fallas, estamos arreglados… Desde que ha salido no ha hecho nada bueno, lo único que cuando con la muleta le he podido el toro se ha sentido ganado y por lo menos no ha apretado. Me he colocado siempre muy bien, le he esperado, he dejado que viniera solo, y cuando no quería embestir le he forzado con un toque firme”. Disgustado por no haberlo matado al primer intento, comentaba: “¡Es que hay que ver lo que hacía! Siempre con la cara arriba, metiéndose por dentro… Aun así creo que le he matado muy bien. Si esa estocada final hubiera entrado a la primera le habría cortado una oreja de peso, de las importantes”. El de esta tarde era el último paseíllo del año de Ponce en su tierra: “Este año no ha querido Dios que me embista un toro en Valencia y no hay más que afrontarlo y seguir adelante. Lo malo es estar aperreado, por lo menos he estado pudiendo, dando la cara y demostrando que uno está fuerte”.
Por su parte, Pablo Hermoso de Mendoza, que saludó una ovación a la muerte del cuarto, explicaba: “Mi primero no ha servido nada, se quedó parado desde el principio, y este otro por lo menos se ha movido algo más aunque era manso perdido. Con “Chenel” venía galopando pero venía como si fuera por una pista interior, como si no fuera con el caballo, como diciendo te voy a adelantar y me voy a ir para chiqueros que es mi querencia natural. Al final por lo menos se ha movido y he podido dejar algún momento emotivo con “Chenel” y también con “Ícaro”, pero sin sentir que lo podía llevar toreado. En realidad no he podido torear como me hubiera gustado”.
Por su parte, el francés Sebastián Castella, muy disgustado por no poder rematar la tarde como hubiera deseado, declinó hacer declaraciones.