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REPORTAJE

Belmonte y la primera oreja de la Feria de Abril

Se cumplen 100 años de la concesión del primer trofeo dentro del ciclo abrileño, con el Pasmo de Triana y “Vencedor”, de Gamero Cívico, como protagonistas

La primera oreja de la historia de la Maestranza sevillana la paseó Joselito el Gallo el 30 de septiembre de 1915. Fue del toro “Cantinero”, en el marco de la Feria de San Miguel, despachando aquel día como único espada un encierro de Santa Coloma. El usía Antonio Filpo Rojas, concejal del Ayuntamiento hispalense, no pudo resistir la petición de un público que la víspera ya se había enardecido con la actuación de José ante una corrida de Miura. La segunda, como no podía ser de otra manera, la obtuvo el otro gran referente de la Edad de Oro del Toreo, Juan Belmonte, en respuesta “diferida” a su rival directo. Sucedió en la Feria de Abril del año siguiente -el próximo día 28 se cumplirán cien años de la efeméride- convirtiéndose ésta, eso sí, en la primera de las orejas concedidas en el ciclo abrileño. En aquel mismo abono, Vicente Pastor logró un nuevo apéndice -el día 29, del miura “Recobero”- y ese mismo año Gallito obtendría otro trofeo de un astado de González Nandín -“Gallineto”, el 29 de septiembre-, siendo Rafael Gómez “El Gallo”, contusionado en un brazo y abroncado ese mismo día 29, quien se erigió al día siguiente en el primer coleta capaz de cortar las dos orejas a un mismo toro en el palenque sevillano. La apoteosis del Divino Calvo llegó con “Podenco”, un gamerocívico que le permitió torear como sólo él sabía hacerlo. Por tanto, cinco orejas se repartieron en aquel 1916 El Gallo, Pastor, Gallito y Belmonte, concedidas todas la temporada siguiente de que el coloso de Gelves abriera una nómina que, hasta entonces, había permanecido cerrada a cal y canto por miedo a que la catedral taurina del Baratillo pudiera ver mermada su categoría concediendo despojos.

Pero volviendo a la Feria de Abril de hace cien años y a la concesión del primer trofeo del serial taurino más famoso de Sevilla, Belmonte cobra todo el protagonismo. El trianero inauguró con Gallito la temporada en sendos mano a mano los días 23 y 26 de abril. En el primero, Domingo de Resurrección, se jugaron reses del Marqués de Albaserrada, dándose la infeliz circunstancia de que el ganadero, debutante ese día, fue multado con 250 pesetas por tener cuatro de los toros edad de novillos, tal y como denunciaba el semanario Sol y Sombra. El segundo duelo, ya en feria, fue con reses de Murube, ganando los ídolos en cada uno de ellos 7.500 pesetas. Sin embargo, los resultados artísticos no acompañaron y ambos enfrentamientos se saldaron con la decepción general de un público que acudió en masa a lo que se suponía que iban a ser dos espectáculos memorables.

El 27 de abril se celebró la segunda corrida de feria, de nuevo con Gallito y Belmonte en un cartel abierto por Gaona y toros de Santacoloma. Ese día, en presencia de los Reyes, Alfonso XIII y Victoria Eugenia, Joselito dio la vuelta al ruedo al término de cada una de sus actuaciones y Belmonte, aquejado en un brazo de un pitonazo sufrido días antes en Madrid, fue ovacionado en el sexto como preludio de lo que estaba por llegar...

Y es que el 28 de abril el Pasmo haría historia en el Baratillo. Sucedió con reses de Gamero Cívico, con Pastor y Gallito completando la combinación. “Los antiguos parladés, hoy de Gamero Cívico, han resultado superiores; hasta ahora los mejores que van lidiados”, informaba a sus lectores el semanario Toros y Toreros. “A excepción del quinto, que se dolió al castigo y se salía suelto, llegando al final mansote, aplomado y reservón, los demás fueron magníficos, principalmente el tercero, bravo, codicioso y noble. Entre todos tomaron 27 puyazos, por 11 caídas y 10 caballos arrastrados”.

Pastor rayó a buen nivel, Gallito falló a espadas y con Belmonte llegó la apoteosis: “Fue el más favorecido por la suerte -proseguía el citado rotativo sobre el trianero-, pues le tocó un toro ideal, el tercero, del que alcanzó la oreja. ¡¡Señores, una oreja en Sevilla!!”. Sobre la labor del Pasmo al toro del trofeo, de nombre “Vencedor”, relataba la crónica: “Comenzó por torearle de capa dando cuatro verónicas y media de las suyas, que levantaron una tempestad de palmas. De verde botella y oro, salió con la mano derecha vendada, siendo acogido con siseos por su labor de las tardes anteriores; mas pronto las lanzas se trocaron cañas... pues hizo una faena colosal, emocionante, con pases de rodillas, naturales, molinetes, de pecho... a cual mejores, metido entre los pitones, sonando la música en su honor”. Belmonte remató con una estocada “superiorísima por la ejecución y por el resultado”.

“Del mismo mérito, tan soberbio, tan valiente, tan aplaudido como lo que hizo en el tercer toro, fue cuanto luego realizó en el sexto el de Triana -reseña el diario El Imparcial-. Las mismas ovaciones que premiaron aquellas verónicas y aquella faena de muleta, hubo para éstas. El entusiasmo de la gente estallaba a cada lance y a cada pase unánime y tremendo. Coronó el diestro su soberbio trasteo con un pinchazo magnífico y una estocada un poquito tendida, pero en la misma cruz, entrando a herir con insuperable valentía, y cuando acertó a descabellar también pidieron para él la oreja y los entusiastas se tiraron al ruedo, y después de pasearle por todo él, le sacaron en triunfo por la Puerta del Príncipe”.

Otro ilustre semanario, La Lidia, narró así la tarde de Belmonte: “El Trianero, que había conseguido escasa fortuna en las anteriores corridas, se dispuso a sacarse la espina. Entre gran espectación (sic) empezó toreando al tercero con buenas verónicas, intercalando algunas de las suyas que subyugan al público como la media verónica con que termina la cosa. La faena de muleta es soberbia, inaugurada con un pase por alto bueno, otro natural superior y, crecido por las palmas, pega molinetes superiorísimos y toda clase de pases con arte y valentía. Igualado el toro, recreándose en la suerte y marcando superiormente los tiempos del volapié, arrea una colosalísima estocada que se premia con la oreja”. De su segunda faena, dice: “Al sexto le saluda, tras colada de peligro, con varias buenas verónicas. Con la muleta hizo otra enorme faena siendo menos afortunado con el estoque”.

Don Pío, gallista empedernido, escribió en el periódico El Liberal: “A Belmonte le salió su toro, y como él está ya rico, en vez de onzas comenzó a sacar billetes de a cuatro mil y a cambiarlos, y en un momento derrochó la fortuna de Rosthchild”, matizando a continuación: “Fue una faena vistosa, valiente, alegre, reposada y pinturera; una borrachera de toreo, que nos hacía saltar en nuestro asiento a cada pase, y levantarnos y sentarnos, y hacer contorsiones y gritar olé hasta enronquecer, y palmotear hasta quedarnos sin manos y sin los muñones, que quedaron en nuestros brazos incompletos, y a consultar cada lance con los compañeros y a llamar “tío” a Belmonte en todos los tonos, y yo creo que en todos los idiomas”. Don Pío confesaba: “Le dieron ¡la oreja! y aquello fue ¡el delirio! Se arrojó uno al ruedo a besarle, bailaban de alegría los belmontistas, palidecieron las mujeres y a Joselito se le puso una cara así de larga...”.

La revista Sol y Sombra también puso en valor la faena del Terremoto a “Vencedor”: “Belmonte da un pase magnífico, ayudado; otro natural, soberbio, y otros apretadísimos, derrochando valentía. Ejecuta tres molinetes, uno de pecho y dos por bajo, que arrancan olés, ovación y música. Al rematar un pase se queda largo rato hincado de rodillas ante la cara de la fiera. Da unos pases movido, y sigue valentísimo, continuando la ovación clamorosa. Con grandes redaños entra a matar y cobra media estocada delantera e inclinada, que mata sin puntilla. La ovación es delirante. El diestro da la vuelta al ruedo, y su partido pide con insistencia la oreja, que concede el presidente. Es la segunda que se otorga en este circo, y era una letra a la vista que se extendió en favor del diestro trianero cuando los “gallistas” consiguieron que se concediera la primera a su “ídolo” Joselito”.

Esa última idea la plasmó con su ironía habitual otra revista de moda en la época, The Kon Leche, en una coplilla que decía:

Al fin Juanito Belmonte cortó en Sevilla una oreja...

¡Ya están a la misma altura Triana y la Macarena!

Ya los buenos belmontistas no sentirán la molestia

del privilegio orejil del niño de la “Alamea”.

* Las fotografías de Belmonte que ilustran este reportaje pertenecen a la faena que el trianero realizó ante el toro "Vencedor" aquel 28 de abril de 1916 (Fuentes: Mundo Gráfico, La Lidia y Toros y Toreros)

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