Desde aquella histórica corrida de la Feria de Abril de 2007 a la que Morante y Talavante cortaron cinco orejas hasta la fecha, los toros de El Grullo no han vuelto a pisar el dorado albero de la Maestranza. ¿Motivos? Hasta ahora todo apuntaba a que eran de índole estrictamente económica: los ganaderos, triunfadores en su última comparecencia maestrante, no estaban dispuestos a cobrar menos de lo que reciben en otras plazas de idéntica categoría. Pero esta vez, el conato de desencuentro que hay a estas alturas del año parece caminar en otra dirección: la negativa de los Cuvillo a lidiar la pasada temporada -cuando la empresa por fin había dado su brazo a torcer en el pulso monetario- al no ser contratado finalmente José Tomás -que para regresar al coso del Baratillo ha puesto siempre como condición sine qua non la presencia de la divisa gaditana-, podría pasar factura a los ganaderos. Ya se sabe que los empresarios, en situaciones de este tipo, son de todo menos frágiles de memoria... De todos modos, pensándolo bien, la factura, más que a los ganaderos -a quienes a pesar de la crisis les sobran peticiones-, se le pasaría, una vez más, a la paciente afición sevillana, que volvería a ver impedido su deseo de disfrutar con una de las vacadas en mejor momento del campo bravo. Y sin ella, toreros no sólo como Tomás, sino otros como Morante, podrían empezar a poner pegas de cara a su contratación en el abono hispalense. En los mejores templos del toreo -La Maestranza es uno de ellos- deben estar anunciados siempre los mejores. La ganadería de Cuvillo ha demostrado serlo, José Tomás y Morante, también, así que, por Dios, ¡entiéndanse de una vez! El toreo, y la afición en general, lo agradecerá.