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“La dureza del toreo es como me la explicaron, la gloria supera a lo que me dijeron y los entresijos son un asco”

Segunda entrega del Encuentro entre José Luis Benlloch y López Simón en La Palmosilla

La temporada asoma a la vuelta de la esquina, este año se habla menos de toreros jóvenes, de relevos y de ataques a los consagrados, como si se hubiese amansado la tormenta, como si los tiempos de revuelta se hubiesen superado, como si la misión estuviese rematada ¡objetivo cumplido!, ahora a los cuarteles de invierno y no creo, no me gustaría, que fuese así.

-Yo no me he rendido, sigo mi camino, sólo que ahora más relajado. Es un cambio de mentalidad porque entrar en esa tensión de la que hablas fue uno de los errores que cometí. Lo del año pasado parecía una competición deportiva y el toreo es otra cosa, yo quiero mirar más hacia dentro.

-El ruido de competición animaba el ambiente.
-A mí no. El ruido no me gusta ni tampoco me va.

-Eso podrá interpretarse como falta de ambición.
-De eso nada. La ambición la mantengo intacta, por eso he cambiado, voy en busca del máximo rendimiento. Cuando me veas en la plaza me cuentas.

-¿Eres mejor torero de cómo te hemos visto?
-Seguro. La gente no me ha visto en plenitud. Si acaso en algún momento o en alguna plaza de menos repercusión donde me he olvidado de todo, lo he mandado todo al carajo y sí he sido yo, en esos casos sí me he acercado al mejor López Simón.

“La gente no me ha visto en plenitud. Si acaso en algún momento cuando me he olvidado de todo, lo he mandado todo al carajo y he sido yo. En esos casos sí me he acercado al mejor López Simón”

-¿Cómo es eso, cómo sucede?
-No sé porqué pero un día te dices me cueste lo que me cueste a este toro lo voy a torear para mí y le armas una gorda. Luego resulta que te dicen ¡ves como así sí! ¡ves cuando me haces caso!... Y entonces te dices para tus adentros dejadme en paz, si he hecho lo que me ha dado la gana. Pero salvo en tardes así no se ha visto lo mejor de mí. Seguramente eso es lo bueno, que tenga ese margen de mejora. Que guarde la ilusión de cuajar un toro así en un sitio de mayor repercusión me da esperanzas.

-¿Dónde se vio el mejor López Simón?
-Toreé un toro de Algarra muy a gusto en Ricla. Quizá fue ese día el que más me aproximé a lo que busco. Luego cuando me quité todo el peso y todas las cosas de encima, en Cali, toreé un toro del maestro Rincón muy roto. No pensaba en nada, sólo en abandonarme. Como la gente allí es tan caliente, entre la música y los oles ya te digo, no escuchaba nada, estaba sordo por dentro. Lo disfruté mucho. Antes en Lima ya había sentido que se me despertaba algo por dentro, ya noté que me reencontraba.

-Eso fue después del reseteo invernal.
-Sí, sí.

-En San Sebastián te vi muy bien, en Valencia por Julio también.
-Pero eran como oasis en el desierto. Referencias para decirme ahí quiero llegar. Eran unos de esos días en los que decía dejadme en paz y me liberaba por momentos.

-¿Dejadme en paz?
-Sí, el ambiente, la presión, la comparación con los compañeros… ya te dije.

-Tus sinergias en la plaza con tu apoderado han dado que hablar si me permites la ironía.
-Cuando acabó la temporada hablé con Julián y le expliqué que quiero tener mi espontaneidad y mi improvisación. Naturalmente quiero aprender de su sabiduría, pero me gusta la tranquilidad y el sosiego, lo he hablado con él porque creo que el toreo va más por ese camino.

“En Cali toreé muy roto. No pensaba en nada, sólo en abandonarme. Y como la gente es tan caliente, entre la música y los oles no escuchaba nada, estaba sordo por dentro”

-Ese planteamiento choca de frente, al menos aparentemente, con la comunicación que mantenéis en la plaza. Y si lo hacía él que te conoce, igual es que necesitas que te jaleen.
-No, no. El toreo es un ejercicio muy personal y muy íntimo. No lo necesito. Se puede hablar e intentar corregir detalles en un ámbito más personal y coger otra línea…

Alberto hace una pausa, piensa, y continúa…
-Cuando yo elegí a Julián como apoderado tenía esa personalidad y lo acepto, claro, pero ahora a medida que yo vaya cogiendo oficio y poso, la idea es que él esté cada vez más en un segundo plano en el callejón, dando las indicaciones que puede dar cualquier apoderado, ya sabes, algún detalle cuando coges la muleta, si el toro esto o aquello, lo que se habla habitualmente. El toreo es un ejercicio tan íntimo que en la mayoría de las ocasiones necesitas paz interior y exterior.

-¡Hombre! el intercambio de opiniones no es rechazable.
-En el campo hay detalles que sí son necesarios que te digan, hasta los maestros más experimentados lo necesitan, incluso en la plaza, porque desde fuera se ven cosas que no se ven desde dentro, pero quiero volver a los inicios, cuando me agarraba a la improvisación y resultaba.

-Me contabas que tuviste momentos en los que resolviste tú solo.
-Es verdad. Yo abrí la puerta grande de Madrid dos veces, solo con Yelco y el mozo de espadas, a pecho descubierto y luego fui a Istres y corté cuatro orejas y un rabo, quiero decirte que también sé hacer las cosas importantes solo. Por eso al finalizar la temporada quería estar solo, resetearme como te dije antes y dejarme ir en busca de ese toque de improvisación que cuando lo he dejado fluir ha dado resultado, ha salido muy bien. Iba a ciegas y salía. No quiero que me corten las alas, quiero volar, quiero poder elegir y tener la posibilidad de equivocarme.

“Cuando acabó la temporada hablé con Julián y le expliqué que quiero tener mi espontaneidad y mi improvisación. El toreo es un ejercicio muy personal y muy íntimo que en la mayoría de las ocasiones necesitas paz interior y exterior”

-Me has hablado mucho de la necesidad de ser feliz para rendir al máximo, ahora creo que lo que buscas es un espacio de libertad.
-Son conceptos que van de la mano. Cuando te sientes libre eres feliz y cuando te notas feliz es porque eres libre. En mí sucede así.

LAS PERSONAS CLAVE

-¿Qué es un apoderado para ti?
-La persona que habla con las empresas. La que gestiona tus intereses. Quien debe defenderte al máximo. Luego debe haber algo más. Debe generarte confianza. Ese debe ser un sentimiento recíproco. Y además debe ver el toreo de la misma manera que tú.

-Hablemos de la gente que pasó por tu carrera.
-Venga.

-¿Yelco?
-Más que un hermano. Lo dejó prácticamente todo por ayudarme a conseguir mis sueños.

-Bote.
-En mi etapa en la escuela fue junto a Gregorio Sánchez quienes más confiaron en mí en un tiempo en el que era muy difícil confiar porque no tenía ni oficio ni técnica, era como confiar con los ojos cerrados.

-¿Maganto?
-Un segundo padre taurino. Fuera de la plaza mantenemos una relación muy personal. Lo dejamos porque en la vida se acaban las etapas y se abren nuevos círculos. Se acabó la relación profesional pero la personal sigue intacta o mejor.

-Pepe Luis Segura.
-Guardamos una gran amistad. Me enseñó muchos valores del toreo, incluidos algunos de los que se están perdiendo. Representa la figura de un apoderado independiente. Lo recuerdo con mucha torería.

-Nacho Matilla y Ángel Castro.
-Tras mi primera puerta grande de Madrid gestionaron mi carrera de una manera que no me gustó y me fui con Julián que tenía mucha culpa de que yo hubiese abierto esa puerta.

-Julián es Julián Guerra supongo.
-Sí. Cuando prácticamente estaba a punto de tirar la toalla y buscar otros caminos en mi vida, hizo que me volviese a sentir feliz y libre delante del toro.

“Mis mejores tardes han ido precedidas de los días de más miedo. Se me presenta en forma de duda. No dejo de pensar, creo que no voy a ser capaz, me digo quién me manda a mí, qué hago aquí… Luego superar eso es un placer inmenso”

-¿Has tenido referentes artísticos?... En momentos decían que te parecías demasiado a Talavante, otras a César Jiménez…
-Todos los artistas en cualquier disciplina tenemos referentes, aunque no lo queramos reconocer tenemos referentes. A mí el primer torero que me cautivó cuando empezaba fue Manolete. Me pusieron un vídeo y me quedé impresionado. Otro que me impresionó por la naturalidad, por el menos es más y por economizar movimientos fue David Silveti. No lo conocía y cuando lo vi me impactó. Que apenas pudiese moverse y lo solucionase todo con las muñecas y los vuelos tan leves de los engaños, me volvió loco. Y no voy a ocultarte que he hecho muchos kilómetros para ver a José Tomás y los sigo haciendo cuando hay ocasión y puedo.

-¿Tú eres un torero de valor?
-No sé, considero que hay toreros con mucho más valor. Sí es verdad que cuando estoy feliz hago cosas que en frío ni siquiera imaginaba que podía hacer, pero tengo el valor justo para ponerme delante y ofrecerle la muleta a un toro.

-El valor no camina muy lejos del miedo.
-No te quepa duda. Mis mejores tardes han ido precedidas de los días de más miedo. Las previas de esas tardes triunfales han sido muy duras, mucho.

-¿Cómo se te aparece?
-En forma de duda. No dejo de pensar, creo que no voy a ser capaz, me digo quién me manda a mí, qué hago aquí… Luego superar eso es un placer inmenso.

-¿Cómo lo prefieres pasar, solo o en compañía?
-Hay que aceptarlo y aprender a convivir con él. Tienes que entender que es el compañero inseparable del torero. El miedo viaja contigo. Sucede así durante toda la vida de un torero, siempre está ahí solo que en la temporada aumenta su presencia. El día que toreas se mete contigo en la habitación y no quieras combatirlo ni echarlo fuera, porque te volverías loco, lo que hay que hacer es aprender a convivir con él.

-¿Eso se logra solo o con la compañía de amigos?
-Yo lo intento solo o con gente muy cercana a mí, pero prefiero solo. A la hora de vestirme no entra nadie, sólo el mozo de espadas, el apoderado y mi amigo Yelco. Si hay algún compromiso fuerte tiene que venir por la mañana, por la tarde no entra nadie.

“La dureza del toreo es como me la explicaron, la gloria supera a lo que me dijeron y los entresijos son un asco. Eso me da mucha pereza”

-¿Rezas?
-No. Me inculcaron desde niño que Dios está en todos lados e intento creer que también está conmigo pero no rezo.

Se ha puesto trascendente, me dice que no lleva altar, sólo conserva las estampas que le regalan los admiradores y califica su fe como algo peculiar, que sabe que hay algo, una fuerza, una energía… “Llamémosle Dios, pero si hubiese nacido en otra parte del mundo le dirían de otra manera”, me lo cuenta muy seriamente, no hay un ápice de falta de respeto en su reflexión: “Sé que hay algo pero no sé muy bien qué es. Ahora no tengo tiempo para pensar en eso, cuando me retire pensaré y meditaré sobre ello”.

-¿Y supersticioso eres?
-No. Te digo más, cuando noto que alguna superstición se me está metiendo mucho en la cabeza intento hacer todo lo contrario para quitármela de en medio.

NO ME BUSQUÉIS

-En todas esas luchas que mantienes contigo mismo, cuando te notas infeliz o falto de libertad supongo que querrás escapar, dime dónde te vas, dónde podemos ir a buscarte.
-Si me escapo no vengáis.

-Pero habrá que saber dónde estás.
-Pues según me pida el cuerpo. Lo que tengo más a mano es una casita de mis padres en medio del campo en Guadalajara. Pero aunque soy del interior me tira el mar y si puedo, cuando me siento muy presionado, me voy a algún sitio de la costa. Necesito tener cerca la inmensidad del mar. Me relaja y me devuelve la sensación de paz y libertad.

-Cualquier día te tendrás que camuflar en esos sitios.
-Todavía paso desapercibido. Me pongo esa ropa que tanto te choca y no me conoce nadie.

Ahora es tiempo de tentaderos, recoger premios, atender a los medios, de ir al sastre, en ese capítulo Alberto confiesa tener una clara inclinación hacia los azules, se ha encargado dos marino, el color de sus colores, que con uno de la temporada pasada hacen tres aparte de otros varios azules de tonalidades distintas. Empieza la temporada el 28 de febrero en Ubrique, todo seguido tiene programados varios festivales y a continuación Valencia y Castellón. En Valencia el año pasado vivió la primera prueba de fuego. Aquel mano a mano con Juli ¡vaya tío! en el que el madrileño se elevó como un águila para echarle un vistazo y avisar de paso al panorama taurino.
-Es un genio. Si no fuese así, después de tanto tiempo no estaría donde está.

-Le aguantaste el tirón.
-No fui el López Simón que hubiese querido pero de todo se aprende. Para mí fue una tarde muy exigente. Empezando la temporada, con Juli mano a mano, no era fácil. La pena fue que a mi segundo toro que lo toreé muy a gusto lo quise matar recibiendo y lo pinché varias veces.

-Habrá habido tardes que mereciesen el olvido.
-Te diría que las que no toreé. Y si tengo que decir una vestido de luces, la de Bilbao. Me pilló todo de nuevas. Esos días toreaba a diario y además no utilizo las redes, así que no me esperaba nada de aquello.

-¿Qué pensaste en aquel momento?
-No entendía nada. Sólo quería desaparecer de allí, no quería existir. Con el tiempo y la distancia comencé a entender el porqué.

-Habrás tomado medidas para que no vuelva a suceder.
-Yo no hago los carteles. Ni quiero ni me apetece. Lo dejo todo en manos de mi apoderado. Más allá de ferias puntuales, de cuestiones muy concretas, ni me consultan. Tiene mi confianza, la tuvo y la tendrá. Mi responsabilidad única es la espada y la muleta.

-Habrá habido también tardes de esas que no quisieras olvidar.
-Muchas. Si me tengo que quedar con una, la de mi primera puerta grande de Madrid. Esa fue la más bonita. Suponía conseguir un sueño que me acompañaba desde niño y que durante mucho tiempo me pareció irreal o inalcanzable.

“En Bilbao no entendía nada. Sólo quería desaparecer de allí, no quería existir. Con el tiempo y la distancia comencé a entender el porqué”

-Y habrá habido algún toro que te ganase la mano, algún toro para odiar.
-Para odiar no, pero alguno se me atragantó. Diría que hubo alguno con el que no lo pasé bien quizá por mi estado anímico pero el caso es que me lo hicieron pasar regular… Recuerdo uno en la feria de Aguascalientes, el mayo último, que no lo veía por ninguna parte. Estaba con la cara en el suelo, escarbando y no venía no venía y cuando por fin venía lo hacía directo al pecho.

-Y otro por lo contrario, algún toro que te enamorase.
-Muchos me hicieron sentir más que bien, feliz. Sería injusto que me quedase con uno solo.

-Acabamos. ¿Esto es como esperabas que fuese?
-En algunas cosas me parece mejor y en otras peor. Hay de todo. La dureza sí me parece que es como me la explicaron en un principio.

-¿Y la gloria?
-La gloria lo supera. Ampliamente. La gloria es muy grande.

-¿Y los entresijos?
-Eso es un asco. A mí me da mucha pereza.

-Pues a aliñarlos y a quitárselos de en medio.

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