En Valencia andamos todos preocupados por la preocupante falta de fuerza y casta que han mostrado los toros y novillos lidiados en el arranque de Fallas. ¿No había quedado claro que, siguiendo ese camino, la Fiesta perdía su esencia, la de la emoción, y la situábamos en una encrucijada de difícil salida?
En Valencia andamos todos preocupados -toreros, ganaderos, empresa, aficionados...- por la preocupante falta de fuerza y casta que han mostrado los toros y novillos lidiados en el arranque de Fallas. De entre las dieciocho reses arrastradas por las mulillas sólo dos, tres si me apuran, cumplieron con los mínimos exigibles en cuanto a bravura. Demasiado poco teniendo en cuenta la buena media de los últimos años, no sólo en Valencia, sino también en el resto de plazas de primera, y no digamos en el resto, en las que se lidia un toro con hechuras más propicias para la buena embestida.
En la decepcionante corrida inaugural de Victoriano del Río incluso hubo un toro que se echó de pura cobardía, reviviéndose imágenes que, afortunadamente, ya casi teníamos desterradas de la memoria. En la de Jandilla, otra ganadería de la que se espera movilidad y empuje en sus reses, abundaron animales tan nobles como ausentes de raza. Y la novillada de Javier Molina, sin ser mala, tampoco fue buena. ¿Tanto han descafeinado los ganaderos sus productos? ¿No había quedado claro que, siguiendo ese camino, la Fiesta perdía su esencia, la de la emoción, situándola en una encrucijada de difícil salida?
Por lo menos, "Ansioso" y "Depravado", un victoriano y un jandilla, el primero de El Juli y el segundo de Paquirri, y "Vagabundo", un astifino utrero de Molina sorteado por Dufau, hacen que no perdamos aún ni la fe ni la ilusión por la bravura y buena clase. Existir existe -ahí está esa terna de ejemplos-, a pesar de que el inescrutable camino del azar siga jugando sus bazas. Porque, ¿alguien tiene explicación para saber el motivo de que con la misma crianza, alimentación, manejo, sanidad y selección esos tres embistieron y el resto no?