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Aplausos 1808    23 de mayo de 2012
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La Revolera

De enganchado al 69 a enganchado al 69 en todos los sentidos, que espero que tú también lo estés, apreciado Nacho Lloret, porque ya sabes aquello de que solo hay dos clases de hombres, los que lo están y los que lo niegan...

De enganchado al 69 a enganchado al 69 en todos los sentidos, que espero que tu también lo estés, apreciado Nacho Lloret, porque ya sabes aquello de que solo hay dos clases de hombres, los que lo están y los que lo niegan, voy a intentar sacarte de tus dudas hamletianas. Te asombra cómo han pasado por históricas o simplemente grandes, faenas realizadas en el Madrid de hace cuarenta y cincuenta años, a toros que, dices, hoy no hubieran pasado ni en Valencia. Tienes toda la razón Nacho, pero es que afortunadamente para ti no pudiste contemplar el toreo de aquella época. Y digo afortunado, porque si lo hubieras vivido serias un viejales como yo.

De haber visto aquellos toros que ahora te parecen pequeños, habrías  observado que embestían de una manera que no daban tiempo a pensar en los kilos ni en la edad ni el santo del nombre del ganadero. Sencillamente porque salían por la puerta de chiqueros queriéndose comer los capotes y las muletas. Entonces los toreros que se salían con garbo de la cara de los toros eran muy apreciados porque aquello era síntoma de torería. Vamos Nacho que aquellos toros tenían movilidad, fuerza, bravura y fiereza y no sebo, leña, flojera y mansedumbre como la mayoría de los de ahora. Por eso se le daba tanta importancia a lo que les hacían los toreros. ¡Ay amigo! Mucho daría yo porque ahora salieran los toros con 480 o 500 kilos y la casta de aquellos “toritos” de los años 50, 60 y 70. Te aseguro que con aquellos animalitos muchos de los que ahora torean ochenta o noventa corridas no tendrían fuelle más que para treinta. Con aquellos “toritos”, querido Nacho, el Sanatorio de toreros en julio, agosto y septiembre tenia llenos hasta los pasillos. ¿Entiendes ahora que tu asombro solo es fruto de una enfermedad que se cura  con los años?: LA JUVENTUD. Bendito seas…

De enganchado al 69 a enganchado al 69 en todos los sentidos, que espero que tú también lo estés, apreciado Nacho Lloret, porque ya sabes aquello de que solo hay dos clases de hombres, los que lo están y los que lo niegan, voy a intentar sacarte de tus dudas hamletianas. Te asombra cómo han pasado por históricas o simplemente grandes faenas realizadas en el Madrid de hace cuarenta y cincuenta años, a toros que, dices, hoy no hubieran pasado ni en Valencia. Tienes toda la razón Nacho, pero es que afortunadamente para ti no pudiste contemplar el toreo de aquella época. Y digo afortunado, porque si lo hubieras vivido serias un viejales como yo.

De haber visto aquellos toros que ahora te parecen pequeños, habrías observado que embestían de una manera que no daban tiempo a pensar en los kilos ni en la edad ni el santo del nombre del ganadero. Sencillamente porque salían por la puerta de chiqueros queriéndose comer los capotes y las muletas. Entonces los toreros que se salían con garbo de la cara de los toros eran muy apreciados porque aquello era síntoma de torería. Vamos Nacho que aquellos toros tenían movilidad, fuerza, bravura y fiereza y no sebo, leña, flojera y mansedumbre como la mayoría de los de ahora. Por eso se le daba tanta importancia a lo que les hacían los toreros. ¡Ay amigo! Mucho daría yo porque ahora salieran los toros con 480 ó 500 kilos y la casta de aquellos "toritos" de los años 50, 60 y 70.

Te aseguro que con aquellos animalitos, muchos de los que ahora torean ochenta o noventa corridas no tendrían fuelle más que para treinta. Con aquellos "toritos", querido Nacho, el Sanatorio de toreros en julio, agosto y septiembre tenia llenos hasta los pasillos. ¿Entiendes ahora que tu asombro solo es fruto de una enfermedad que se cura con los años?: LA JUVENTUD. Bendito seas…

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  • La casta Nacho, la casta...

    Últimos comentarios de los lectores (1)

    3770 | Nacho Lloret - 21/04/2011 @ 21:35:01 (GMT+1)
    Querido y admirado Paco. En mi artículo no me refería al toro de los 50, 60, o 70 que no conocí sino al toro de hace 15 o 20 años donde yo era abonado en Madrid.
    Ese toro que entonces, incluso a mi, parecía suficiente para la primera plaza del mundo hoy lo veo insuficiente comparado con el nivel de exigencia en el trapío que hoy todos nos imponemos, del mismo modo que el toro de la época que tu hablas lo era si cabe más aún.
    Coincido plenamente contigo en que la clave para el futuro es la recuperación de la casta y de la emoción en el toro por encima del tamaño y de los kilos. Esa, sin duda, debería de ser la máxima. Pero ojalá estabilicemos un tipo de toro con hechuras, armónico y con la seriedad y el trapío lógico para cada plaza de modo que no se haga tan evidente el paso de los años.
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