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¿Quieres ser torero?

 (Foto: Jordi Juárez)
(Foto: Jordi Juárez)

La Escuela Taurina de Castellón imparte clases teóricas de toreo para aficionados cada viernes en la plaza de toros

 (Foto: Jordi Juárez)
(Foto: Jordi Juárez)

"Quiero ser torero. Me da igual torear en una calle que en Las Ventas. Como sea, quiero vestirme de luces". Son las palabras románticas, punto alocadas, de Noé, un joven del Grao de Castelló de 36 años envenenado por el toreo, soñador de tardes imposibles. En sus muletazos al viento se adivina el toreo espontáneo y casi de arrebato crecido en la inexperiencia técnica. Defecto, o virtud en otros casos, que intenta suplir gracias a las clases teóricas que la Escuela Taurina de Castellón imparte cada viernes en la plaza de toros, para todo aquel aficionado que guste de aprender a cómo manejar con corrección el capote y la muleta.

Noé se enamoró del toro por su padre, Joselito, un maletilla de la posguerra que expuso sus muslos a los designios de los resabios de las vacas de talanqueras, en una época en la que compartió hogaza, cuando la había, con El Cordobés. Noé ha saboreado la quemazón del pitón y del asfalto en sus carnes, los gañafones que lanza el demonio de los toros corraleados, en las mil y una capeas de esta época. Juan Manuel Cordones, director de la Escuela, también pisó la calle en su época de capa y bajo su experiencia, le aconseja temple, razón y equidad en ese punto de locura. Paco Ramos, profesor de la Escuela, le enseña la colocación de la muleta y cómo sacar los brazos con el capote. "Ahora me veo más seguro para ponerme delante de un toro", matiza el del Grao.

Jesús es otro de los que se sienten toreros y buscan la realización de sus sueños en las capeas populares de los pueblos. Es de Mosqueruela y cada viernes, acude a la cita de las clases teóricas. Paco Ramos le embiste despacito. "Así no embisten en la calle Paco", le dice al profesor mientras tira líneas con el capote abeado a las descompuestas y arreadas embestidas de los toros de calle.

Torear despacio de salón te permite educar tu cuerpo a los movimientos, entrenar brazos y hombros al peso de los avíos, dibujar el trazo que debe recorrer el toro y aprender la colocación, tiempos y toques de la muleta según pide el toro. Esa es la labor que tanto Juan Manuel Cordones como Paco Ramos enseñan a los casi cuarenta aficionados, que de 6 a 8 de la tarde acuden cada viernes a la plaza de toros.

Son gente de edades diferentes, como Mariano, de 69 años, barcelonés de cuna, que se esfuerza por manejar con soltura la pesada muleta. O Pedro Ortega, que a 60 años ha descubierto la dificultad de lo que aparentemente resulta fácil. De Vila-real como Pedro, pero avulense de nacimiento es Agustín, "Zamorita" de apodo y forjado en las duras capeas del Valle del Terror desde los 9 años. Un romántico. Bendita locura, dicen. Acude con un capote de su amigo del alma "Niño de Santa Rita", banderillero de ferias, para pulir una técnica que un buen día le descubrió su maestro Orteguita en la escuela de Torrejón.

Otro de los que en su día quiso ser torero es David Vela, segoviano y castellonense de adopción. Compartió su sueño a principio de los 90 con Bustamante, Fernando Zabalza, Alfonso Carrasco, Curro Trillo... y con ellos disfrutó del toreo práctico en Las Pedrizas. Otros artes como la pintura y la música le desvincularon del toro pero ahora, ha vuelto de nuevo al reclamo de estas clases. "Tengo la intención de ponerme delante", matiza con esa mirada envenenada y seguro de quedarse quieto.

Hay muchos cuyas pretensiones no van más allá de descubrir y profundizar en un arte que requiere de una técnica sobre la cual se aplicará después la inspiración del alma. Jorge, de Castellón, aficionado de pro y estudioso de la tauromaquia asegura que ahora "no veo las cosas igual cuando estoy arriba". Manuel Barrué es aposentador de la plaza y sin haber cogido un capote ni una muleta antes, ahora se le ve hasta con maneras, igual que a Juanma, gaditano, o Teo, o el sevillano Manolo, quien no puede negar sus orígenes. Hasta tres jóvenes chicas aportan un aire de distinción.

Ahora, gracias a la Escuela Taurina y de manera gratuita, coger bien un capote y una muleta está al alcance de todos.

 (Foto: Jordi Juárez)
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