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Caballos de picar, listos para el espectáculo

Caballos de picar, listos para el espectáculo

En los últimos tiempos la suerte de varas ha querido recuperar su importancia dentro de la lidia, reivindicar el primer tercio como una parte fundamental dentro de la corrida de toros y un espectáculo más dentro de una tarde de toros. Muchos son los cambios que se han hecho en los últimos años para tratar este objetivo: la prohibición de la raza traccionadora para picar, la reducción de la puya o establecer el peso máximo del peto han sido algunas de las medidas que han repercutido en una mejora de este tercio.

“La suerte de varas tiene que ser un verdadero espectáculo -señala Alain Bonijol, dueño de la cuadra que lleva su nombre-. El primer tercio se ha quedado atrasado. Ir a los toros no es ver sólo 60 muletazos, debe ser un espectáculo completo de los tres tercios”.

Bonijol tiene claro que lo que se necesita para el espectáculo es “un caballo más ligero y muy bien domado para tener una verdadera pelea con el toro”.

EL CABALLO IDEAL En la actualidad el prototipo de caballo de picar está lejos de ese caballo grande y corpulento de hace unas décadas. “Se busca un caballo fino porque entendemos que la movilidad tiene que ver con el peso -señala Enrique Peña, encargado de la cuadra Peña de Sevilla-. Utilizamos el percherón y el bretón, que le dan la fuerza y la potencia, y lo cruzamos con el inglés, español y árabe, que lo afinan y le dan la movilidad”. Alain Bonijol opta por “caballos lusitanos y yeguas percheronas, que son dóciles y fuertes y estos cruces permiten obtener caballos con 550-600 kilos. Las yeguas las echo a los toros para saber que pueden servir. Además, el percherón tiene un goterón de caballo árabe que también es muy importante”. Por ello, los caballos de Bonijol son algo más ligeros que el resto de cuadras, que señalan que el peso óptimo debe estar “entre los 600-650 kilos”, como advierte Guillermo Navarro, de la cuadra Navarro, de Valencia.

Aunque el peso tiene un valor un tanto relativo en relación con otros aspectos del caballo. “El peso no influye tanto -confiesa Pedro Moreno “Chocolate hijo”, picador de la cuadrilla de Manzanares-. Es más importante que tengan buen cuello y buenas espaldas. Que tenga buena doma y buenas hechuras, con fibra, carbón y movilidad. Yo también valoro mucho que no sea muy despegado de tierra para que no se cuele un toro por debajo”. Lo ideal sería que la cruz del caballo esté sobre 1’60 centímetros, tal como advierte Antonio Montoliu, picador de la cuadrilla de Padilla, que además puntualiza: “Eso es lo ideal, pero hay excepciones. Cuando se van a picar toros como los de Miura, que son muy altos, es mejor que sean algo más altos”.

ÁGIL Y DÓCIL Además de las características morfológicas, el carácter es fundamental en este tipo de caballos. “Deben de ser dóciles y tranquilos, pues tienen que ser manejables en la plaza en momentos comprometidos y deben sobrellevar bien el alto ritmo de viajes y desplazamientos que tienen en plena temporada”, destaca Antonio Montoliu. “Además de nobles deben tener el corazón suficiente para luchar con el toro y aguantar esa pelea”, puntualiza Enrique Peña. José García “El Puyero”, de la cuadra Sertauro, va más allá: “No basta con que aguanten la pelea, el caballo tiene querer luchar con el toro”.

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