En la centenaria Feria de Julio que fue herramienta dinamizadora de la ciudad de Valencia, las corridas de toros eran protagonistas principales. Retenían a la población ya ávida de playa; eran a la vez recreo y eran recompensa a un año de trabajo para los labradores de esta tierra que sin querer entrar en innecesarios chauvinismos, suponían sustento y despensa del país; más de ciento cincuenta años después, subsiste en mínimos bajo la desatención de unos (las instituciones) y un sentido mesiánico de la autoridad que no ha acertado a definir criterios, tampoco exigencia acordes a la personalidad de la plaza, ni siquiera a entender cuál debe ser su papel en el toreo, que no es otro que evitar el abuso y defender los gustos generales, no los suyos. Esa amalgama de circunstancias ha convertido a Valencia por julio en una plaza maldita e incómoda para los profesionales. No se entienda que defender lo contrario de lo que están pretendiendo supone un relajo del rigor ni de la exigencia ganadera.
Los resultados de las últimas ferias, especialmente la que se acaba de llevar las mulillas, dan la sensación de que se ha tocado fondo y exige un replanteamiento general por parte de todos. Tal y como se produce es decadente y merece un esfuerzo corporativo para sacarla del despeñadero mortal al que la han llevado. Debe hacerse por lealtad a la historia y por la riqueza que puede aportar a la ciudad en una versión potente. Ahí está Santander volcada desde las instituciones para ganar adeptos, incluidos los medios de comunicación nacionales que desertaron de Valencia camino del fresquito del norte y de unos carteles que nos mejoraban. A este punto se ha llegado por la torpeza y/o la inacción de nuestras autoridades que no han entendido que esto de los toros es mucho más que ir una tarde a la plaza, recibir parabienes, atender a amigos, sorprenderse muchas veces por evidencias que no conocían a riesgo incluso de mostrar real ignorancia… deben saber que la cosa conlleva también responsabilidades, más allá de que un mal día pueden ser responsables de algún accidente de orden público que ya lo han comenzado a bordear con una dirección presidencial errática.
Desde las instituciones, con su desatención y/o desconocimiento, se están cargando la esencia y el modo de entender un arte y de una manifestación pública que entronca con la cultura de la tierra, con la personalidad de sus hombres, activos que no pueden moldear a su gusto ni, lo que es mucho peor, desarraigarlo desde el más hondo desconocimiento. El apoyo va más allá de la presencia los días de lujo, más allá del abrazo, la sonrisa, el callejón lleno, que no digo que no deba servir de relaciones, la camisa recién planchada, el bronce vacacional y el qué feliz somos todos. No es eso o no basta, lucir palmito también conlleva obligaciones de respeto a la esencia y a una cultura que no es ni impostada ni importada, que sencillamente es nuestra.
Desde la Diputación, responsable de la plaza, deben propiciarse las condiciones para que la programación sea la propia, la que corresponde a Valencia y para eso no basta con pedirla, hay que hacerla viable a través de un pliego realista y nada rutinario, ninguna empresa programa para perder dinero y no basta con improvisar actos pretendidamente culturales; desde la conselleria no basta con apoyar certámenes, deben ir mucho más allá teniendo en cuenta que ellos están siendo los responsables máximos de los desacatos presidenciales que han convertido Valencia en la plaza más incómoda por imprevisible y desnortada hasta ahuyentar a las figuras que si pueden evitarlo no vienen y sin figuras es difícil reciclar y potenciar Valencia.
¿Que dónde está la solución?... hay que buscarla con decisión, no valen las medias tintas. ¿En un horario nocturno que evite los rigores del cada día más inclemente sol? Es posible. En las plazas de la costa del sol se está recuperando con éxito al gran público, en una combinación lúdica gastronómica de cena y toros, y algo parecido han logrado en El Puerto de Santa María. En Valencia se probó sin convencimiento, con un horario que no era nocturno ni vespertino, y con un cartel de tono bajo que no hubiese llevado gente ni por la tarde ni de madrugada. Otra solución sería reducirla sin eliminarla (tradiciones de ese rango no deben desaparecer) y potenciar octubre con mejor temperatura, un entorno lúdico más potente y un regreso de la diáspora vacacional. Cualquiera vale, pero hay que ponerla en marcha ya, con convencimiento y nivel.
En las manos del conseller Valderrama y del presidente Mompó, sin olvidar a Huet, está la solución; y lo dicho, no basta con la asistencia lúdica al callejón los días de festa gran.
Acceda a la versión completa del contenido
Objetivo: salvar la Feria de Julio
El diestro de Gerena afronta su cuarta corrida como único espada en una plaza de…
El Mene, Nacho Torrejón y Mario Vilau se disputan a partir de las 21:00 horas el triunfo…
El Cid, Manuel Escribano y Tomás Rufo hacen el paseíllo esta tarde a partir de…
La presencia del genial torero sevillano en las cuatro corridas de toros programadas ha desatado…
El festejo está programada para el 5 de septiembre con motivo de las fiestas de…
El espada onubense sufrió una dura cogida el pasado martes en Santander que le provocó…