Este año los últimos dos domingos son Nochebuena y Nochevieja. Días muy especiales en este país, días de familia, de comilonas, de alegría, también habrá ribetes de tristeza, de ausencias, en definitiva: cada persona, o cada familia, es un mundo aparte. Pero lo normal es que tanto la noche del 24 como la del 31, las teles y las radios cambien radicalmente la programación habitual. Lógico: son villancicos, son racimos de uva, son cenas familiares, o de amigos, o de soledad, o también habrá que ni quiera ni pueda cenar. El problema al que yo me enfrentaba era extraño. Esas dos noches no hay programa de toros en directo; y cuando ha sucedido así nos hemos echado en brazos del descanso. Pero luego caímos en que el programa de los toros en la SER y Radiolé se emite en las tardes del domingo en Ecuador, en México y en Colombia. Y allí no se cambia la programación. Por tanto, hemos tenido que grabar los dos espacios. Y ha sido algo muy novedoso.
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