Perera pierde con la espada un triunfo en el segundo.
Con el primero, un toro sin fuerzas pero que desarrolló nobleza, César Jiménez supo entenderlo y lo toreó a media altura con series cortas especialmente por el derecho, aguantando al victoriano que se rajó pronto. Su actitud y una buena estocada le valieron una oreja. El cuarto fue un toro que no se empleó nunca, por lo que el madrileño tuvo que poner todo de su parte en una labor de oficio y cabeza y mucha disposición, que fue premiada con un nuevo apéndice.
Miguel Ángel Perera perdió cualquier opción de triunfo por el mal uso de los aceros ante el segundo, un ejemplar sin fuerzas al que el extremeño sostuvo muy bien en la media altura. Ante el quinto, rajado y manso, no tuvo posibilidades de triunfo pese a que puso empeño. Tras una buena estocada fue ovacionado.
Sólida actuación de Alejandro Talavante en el tercero, ante un animal con movilidad, en una faena rotunda y variada por abajo por ambas manos con mucho temple adornada con cambios de mano y manoletinas, y rematada de una buena estocada que le valieron las dos orejas. Con el que cerraba plaza, sin clase y siempre con la cara alta, el extremeño se mostró muy seguro y siempre por encima de su rival. Pudo obtener otro trofeo pero pinchó en dos ocasiones.
Toros de Victoriano del Río, 1º manejable, 3º bueno. El resto, sin clase y bajos de raza. CÉSAR JIMÉNEZ: Oreja y oreja; MIGUEL ÁNGEL PERERA: Ovación en su lote; ALEJANDRO TALAVANTE: Dos orejas y silencio. Entrada: Dos tercios.
