Ha sido la semana de Francia. Con todos los honores. Grandeur reconocida. Por esta vez al menos. Yo le pondría además hojas de laurel y aros color albero. Primero fue José Tomás y su apoteosis nimeña, una cumbre con sitio propio en la historia, la referencia que puso los ojos del mundo sobre el toreo. No le escatimo elogios ni reconocimiento pero… no fue el único del fin de semana. Sería del género idiota decir que solo ha sido cosa de JT. Eso quedaría en el territorio del fanatismo. Nimes y su Vendimia ha sido felizmente JT y bastantes cosas más, bastantes hombres y nombres más a los que seguramente hemos ninguneado. O es así o es la ruina porque ya me dirán qué futuro espera si el toreo es solo JT. Fue también el escenario, fue la programación, la capacidad de acogida de la ciudad, fue el ejemplo y ha sido un manojo de toreros importantes que son quienes a la postre sostienen el entramado de la Fiesta a lo largo de la temporada.
El otro protagonista ha sido la sensibilidad del Constitucional galo que le ha dado carta de naturaleza al toreo y le ha asegurado el futuro al menos donde tiene un gran presente. Todo un hito. Nos han vuelto a pasar por la derecha y por la izquierda, está visto que lo del toro, por si alguien tenía dudas, no es cuestión de ideologías ni siquiera de nacionalidades por mucho que algunos se empeñen, solo de sensatez, de cultura democrática, de respeto a las minorías que no son tan minorías, de ausencia de papanatismo y de eficacia en la gestión.
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