La crónica de Benlloch en Las Provincias

Román triunfa y el palco la lía

El valenciano cortó una oreja y le negaron otra en una polémica decisión presidencial
José Luis Benlloch
jueves 25 de julio de 2013

Román impuso la ley del toreo. La del valor, la de la ilusión, la de no arrugarse nunca, cobró, se sobrepuso, templó a su primero, fue capaz de pasarse muy cerca al bravo cuarto...

Román impuso la ley del toreo. La del valor, la de la ilusión, la de no arrugarse nunca, cobró, se sobrepuso, templó a su primero, fue capaz de pasarse muy cerca al bravo cuarto, mezcló lucidez con momentos de espesura, arrebato con temple, naufragó con la espada en su primero y se atracó de novillo en su segundo, redondeó una tarde de novillero puro y duro y acabó saboreando el aprecio del público y la desconsideración de la autoridad. A esto último debe estar acostumbrado. No es la primera vez que le ningunean. Tan reiterativa es la cuestión que uno tiene la sensación de que en esta plaza cada día de toros se reinterpretan las distancias y desencuentros que hay entre las instituciones y corrientes de partido. No hay muchas más explicaciones. O eso o la incoherencia total.

Sucedió en la novillada del arranque ferial. La tarde nació cargada de ilusiones y se remató con esa polémica absurda, con la autoridad convertida en protagonista envalentonado a la espera de que lleguen las figuras. Ya aflojarán. Esa película me la sé. Claro que hubo más. Felizmente. Me gustó el sentido del temple, las maneras de Armillita, con pasajes de un gusto especial en su primero en el que se le vio ese ritmo mejicano que tanto se canta. No me gustó por esta vez Martín Escudero que no se pareció en nada al que hemos visto otras tardes, digo yo que será cuestión del aprendizaje, que los chicos unas veces están mejor y otras se les nublan las ideas y ayer acabó sucumbiendo a las complicaciones de su primero. Fue como si le cambiase el paso. Quede claro que es mucho mejor de lo que se vio.

Me gustaron varios novillos de Daniel Ruiz, cuarto quinto y tercero y no me gustaron nada o poco los otros, especialmente el segundo que tuvo un genio que no casaba con la casa. Me gustaron las cuadrillas, bien en la brega Campano y Rus, los novillos en sus manos parecían otros, cosa de maestros; anduvieron a gran nivel con palos y capote César Fernández y Raúl Martí que va cuajándose en un excelente torero. Y sobre todo no me gustó la autoridad, por excesiva, por sobreactuar en las reprimendas en el callejón, por ese empeño en añadirle dificultad a una profesión que en sus inicios necesita respaldo y comprensión y me enerva más la reincidencia, en esos ataques de rigor con los chicos de casa. Insisto, no es natural o eso cabe pensar después de tanta negativa. El presidente era Amado, naturalmente.

La plaza registró una aceptable entrada con abundancia de turistas. Molestó el viento. Román se lió con la espada después de torear suave en su primero, que sacó nobleza y se paró en exceso y cortó una oreja del cuarto con fuerte petición de la segunda, dos vueltas al ruedo y paseo final en hombros. En la primera faena cobró varias volteretas, otra más en un quite al toro de Armillita y le hizo una faena de poder y agallas al bravo cuarto que se quería comer la muleta por abajo. No perder ese pulso fue mérito grande. Seguramente es lo que no vio la autoridad o no supo ver o no quiso ver. O todo a la vez.

Armillita, al que vino a ver medio toreo, José Tomás camuflado en las alturas, Capea, Dámaso, Cayetano. no triunfó pero no desilusionó a nadie. Toreó con cadencia de elegido a su primero y pagó su ternura técnica en el sexto cuando la tarde languidecía lejos de las ilusiones que nos habíamos hecho. Por cierto también le riñeron en el callejón. De Martín Escudero queda dicho que no tuvo su día. Habrá que esperarle.

CRÓNICA PUBLICADA EN EL PERIÓDICO LAS PROVINCIAS (24-7-2013)

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