LA PINCELADA DEL DIRECTOR
Borja Jiménez y Tapaboca, de La Quinta, hicieron historia en el Bocho. Foto: Aritz ArambarriBorja Jiménez y Tapaboca, de La Quinta, hicieron historia en el Bocho. Foto: Aritz Arambarri

Explosión en Málaga, ilusión en Bilbao

José Luis Benlloch
martes 02 de septiembre de 2025
Del Mediterráneo al Cantábrico. De mar a mar, hay que celebrar una explosión deslumbrante en Málaga, de esas que llegan a todos los rincones del toreo y más allá con la fuerza de un sunami: el "prota" se llama David de Miranda. Y a la vez celebrar con regocijo los síntomas claros de reanimación, urgente, precisa y necesaria gracias a una feria histórica en Bilbao

De mar a mar, de Málaga a Bilbao como ferias principales de un mes de lo más torero, esperado y también duro para la grey taurina. Estamos en el punto justo en el que la temporada se aprieta y a los de mucho torear comienza a pesarles. Kilómetros, pisotones, calores, rachas, la furgona, el no dormir… y en ese punto tengo anotada una idea en la agenda: primavera en el agosto malagueño. Primero fue la alegría del resurgir de Marbella, todo seguido la feria de la capital. Un éxito. Lejos queda aquello de la feria del chanquete en referencia al trapío de los toros; superados también (felizmente) los tiempos más recientes, en los que los descalzaperros mañaneros en los corrales enervaban a tirios y troyanos y desnaturalizaban la plaza. En los últimos años se ha encontrado el equilibrio con una mezcla de seriedad y serenidad mediterránea. En realidad, lo que toca. Aquellos años de gresca continua con camiones y camiones cargados de toros que esperaban en la cuesta de las Perdices, iban y volvían del campo a la plaza y de la plaza al campo no tenían ADN malagueño ni conducían a más allá de la frustración general por mucho que se quisiese defender bajo la bandera de la integridad. Lo recuerdo como aviso ante intentonas semejantes en otras plazas.

En ese ambiente actual hay que celebrar una explosión deslumbrante de esas que llegan a todos los rincones del toreo y más allá con la fuerza de un sunami. El prota es poco menos que un samurái, ¡qué manera de arrimarse, qué manera de conectar! Es lógico, si un tío es capaz de levantarse de una silla de ruedas no va a ser para nada. Así que visto lo visto, habría que titular Sunami David de Miranda. El onubense ha puesto al toreo en modo expectación, todos pendientes, incluidos los lebreles del sistema que se han quedado de muestra como si hubiesen avistado la gran pieza. Y atentos estamos todos, los que le vieron en directo y los que han escuchado los romances y lisonjas que se cuentan y escriben, como ha hecho el mismo Pedro Toledano en Aplausos. El impacto nos ha llegado a todos, a los que estuvieron en la plaza y a los que le vimos por la tele, bendita tele que a todos nos llega y estaba allí el día que debía estar allí en una conjunción de astros de buen agüero. Dios quiera que el impacto se repita, que la ilusión se sustancie y este Miranda haga buenas todas las profecías que se han lanzado los últimos días: por él y por estimular el esfuerzo de los que están en su situación, para que se sepa que la meritocracia en el toreo no es una entelequia, que sí existe y finalmente por el propio toreo que en tiempos de dificultades se defiende con figuras, novedades y buena gestión.

Borja Jiménez, Roca Rey, Urdiales y Tapaboca marcan nivel top; convulsión en Málaga, ha nacido un sunami: David de Miranda

Reconocido el nuevo esplendor costasoleño el agosto taurino sigue teniendo su capitalidad en Bilbao, hay fortalezas que no se derriban así como así. Se trata de otro modelo, aquí manda el Cantábrico, bendita diversidad, tiene galones, historia, urgencia y exigencia como argumentos de base y además el toro de Bilbao siempre será el toro de Bilbao por mucho que siempre haya a quien le parezca poco toro, especialmente si el toro embiste y esta feria han embestido muchos y mucho. Y más allá de la tensión de cuanto sucede en el ruedo, la presión del entorno (me refiero a la cultivada desafección de la clase dirigente con el telón identitario como fondo) y la realidad de la Aste Nagusia taurina exige memoria (hay que recordar lo que fue Bilbao) y pulso firme (hay que superar lo que es), todo lo cual demanda un altruismo que va más allá de las cuentas de resultados y de los personalismos propios e importados con el objetivo puesto en el toro de la recuperación.

La tarea, nada fácil, es cuestión de todos, de los empresarios, de los que están y de los que quisieran estar y no paran de posicionarse; de los toreros, de los ganaderos, de los medios que no deben/debemos abandonar como se abandonó en su tiempo a Valencia en busca de los cariños montañeses; y también de las fuerzas vivas de la afición bilbaína que deberían organizar la gran quedada para serenar ánimos y consolidar las señales de recuperación que se han avistado este año.

En lo artístico ha habido muchos momentos de los que se agarran al paladar y se hacen sitio en la memoria: el indulto de Tapaboca, de sugerente y oportuno nombre como escribí, qué gozada ver la limpieza y alegría de su bravura sin fin que acabó haciendo historia como primer toro indultado en el Bocho; la persistencia de Borja Jiménez que golpea y golpea en las puertas de los días grandes reivindicando honores de figura; la contundencia de Roca Rey que estuvo muy bien, muy por encima de dos toros exigentes y nada fáciles, y que incluso mermado de facultades atacó y atacó, dejó que los toros pespunteasen los muslos y los estoqueó con estilo y contundencia: en corto, la muleta al hocico, el ataque en rectitud y una fe ciega en que el toro humillase en el momento de cruzar la aduana de los pitones en un homenaje al volapié; Diego Urdiales completó el triplete de puertas grandes con una faena de pura fantasía a un gran toro de Garcigrande. Y no hay que olvidar el buen nivel de Zulueta, de Castaño, de Talavante y de Pablo Aguado. Bilbao lo merecía.

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