En esta ocasión no van a ser las estrellas anunciadas en el abono taurino de Fallas las que tengan el honor de inaugurar la reforma (poco visible pero de gran importancia) que ha recibido el monumento por parte de la Diputación. Tal distinción se ha reservado para quienes han atendido la loca, atractiva y pasional llamada del arte del toreo. El futuro de la tauromaquia depende de esos benditos y necesarios locos. A ellos les corresponde, ánimo y suerte pues, el protagonismo inicial de la primera feria de primera de la temporada. Recordarles, les animará, que varias de las figuras que se anuncian en los festejos mayores arrancaron desde esa misma posición, Roca Rey mismamente.
El festejo es una forma de poner en valor, de una parte el respaldo que le dan al toreo las instituciones con el objetivo de potenciar los valores de sus gentes sin complejos ni dogmatismos; y de otra viene a poner en el escaparate las cualidades de los chicos y la abnegada y vocacional labor de los docentes que han sido capaces de dotarles de los conocimientos necesarios para afrontar con garantías las exigencias de su vocación.
La suerte en esta ocasión ha recaído en alumnos que ya vienen destacando en la compleja disciplina de lidiar con estilo, gracia y donaire (los que lo tengan) o con arrojo (los que sean capaces) la embestidas del toro bravo. De la escuela de Valencia, hasta ahora una de las más prolijas a la hora de conseguir clases prácticas para sus alumnos, tiene representación por partida doble, serán los aventajados alumnos Israel Guirao, de Mislata, y Hugo Masià, de Algemesí; por su parte, Castellón estará representada por Ian Bermejo; mientras que por Albacete será Alejandro González quien la represente; a Madrid la defenderá Daniel García. De la escuela de Beziers, llega un animoso Clovis con la responsabilidad de defender la bandera de una Francia cada día más implicada con la fiesta brava.
Una forma elegante y justa de darle brillo y protagonismo a ese semillero de nuevas vocaciones que son las escuelas de tauromaquia.

