Madrid y su macro-feria de San Isidro, considerada el mundial del toreo, ha levantado esta semana el telón oficial y ha acaparado titulares, expectativas, ilusiones y también el natural disgusto de los ausentes. No estar en la feria del patrón madrileño es poco menos que condenarse al ostracismo durante un tiempo que se hace interminable. Lo que no pase en Madrid ese mes es como si no pasase, tal es la fuerza taurina de la capital. Más menos lo que en otros sectores de la economía y la vida social de esta querida locura llamada España, son los toros, o más concretamente Las Ventas, como reflejo de la vida misma.
Este año, la Comunidad Valenciana va a tener una buena representación por mucho que siempre nos parecerá poca. La baza principal es Román. Él es la imagen del esfuerzo desnudo, un tipo inasequible al desfallecimiento, con más coraje que estructura en su toreo y ya todo un clásico en aquella plaza donde ha cosechado importantes éxitos. Estará dos tardes con las corridas del Conde de Mayalde y Victorino, nada menos. Suerte y lucidez son la clave para un feliz desenlace. Manzanares por su parte, y por iniciativa propia, solo hará un paseíllo al estilo de las figuras de los tiempos más tormentosos de los aficionados del siete y su entorno. Una tarde y si estás bien, decían las figuras de entonces, si triunfas, ante la posibilidad de estropearlo, para qué volver y si no estás bien en el primer paseíllo, si no hay gracia, seguro que se habrán encabronado los fundamentalistas y radicales como solo saben hacerlo en aquella plaza, y ante tal circunstancia, reflejo de la vida misma, mejor esperar a otro año a que se hayan calmado los ánimos. De eso, de los ánimos encrespados, sabía mucho su señor padre, el gran Manzanares, que a lo largo de su carrera pasó de consentido y admirado a una larga etapa que se podía calificar de infernal en la que no solía estar bien ni le dejaban estar bien, para finalmente, sin motivos muy concretos, acabar de nuevo bajo el manto de admiración que se reservaba para los elegidos.
NAVALÓN Y JUAN ALBERTO
Siguiendo con los matadores valencianos en este San Isidro 2026, hará un paseíllo Samuel Navalón que pese al éxito en la tarde de su confirmación de alternativa no le dan mucho cariño, tratamiento que se da de narices con la conveniencia de lanzar un torero valenciano teniendo en cuenta que se trata de la misma empresa.
Por último, hay que detenerse en la presencia del novillero de Algemesí, Juan Alberto Torrijos, que en su debut la pasada temporada en aquella plaza, aun no cortando trofeos, dejó una buena impresión. En su actuación en Fallas y en esta novillada debe cimentar su temporada, dos balas de plata, dos plazas de primera para lanzar su carrera. El índice de dificultad que eso supone refleja la situación que vive la novillería que ha visto los últimos años como se ha invertido el proceso de lanzamiento, hay que entronizarse en las catedrales para que te franqueen el paso en las parroquias. El mundo al revés.
Estos son los carteles:
Domingo 3 de mayo, bajo el paraguas de Feria de la Comunidad, novillos de Couto de Fornilhos para Mario Arruza, Cristian González y Juan Alberto Torrijos.
Domingo 10, toros de Conde de Mayalde para David Galván, Román y Gonzalo Caballero.
Jueves 21, toros de Puerto de San Lorenzo para José María Manzanares, Juan Ortega y Pablo Aguado.
Miércoles 3 de junio, toros de Lagunajanda para José Garrido, Ismael Martín y Samuel Navalón.
Sábado 6, toros de Victorino Martín para Morenito de Aranda, Fernando Adrián y Román.

