Ruido y más ruido, ruido bueno y ruido chungo. A la espera de que salga el toro, la temporada se ha encabritado en los despachos. No lo consideren cosa menor ni mucho menos intrascendente. Antes que el toro, cada cosa a su tiempo, son los despachos que quieran que no condicionan lo suyo. Los propios y también los externos, me refiero a los políticos que en no pocas ocasiones ejercen como ajenos o peor aún como enemigos. Ahí está el despropósito del pliego de Zaragoza como ejemplo. En los propios se siente la competencia, siempre bienvenida. En ese territorio hay que situar el pulso, voluntario o inconsciente, entre los dos grandes, Madrid y Sevilla, póngales el orden que quieran, dos modelos de gestión con gran responsabilidad sobre el futuro de la tauromaquia, el consolidado Madrid y el novedoso Sevilla, en dos tempraneras galas de presentación de carteles acompasadas a los tiempos, diría que ajustadas a la personalidad de cada ciudad, que estoy seguro marcarán el camino en otras latitudes. Valencia a la espera. La cosa, por trivial que pueda parecer a algunos, denota inquietud por conectar con la sociedad, cuestión que más que urgir comenzaba a quemar, en tiempos en los que ya no basta aquello tan manido de cartel en la esquina, puchero en la cocina que alentaba a los viejos empresarios ni cabe pensar que el paño por bueno que sea, que en este caso lo es, se pueda vender sin sacarlo del arca.
En ese mismo territorio de las galas festivas, surgió la voz rebelde de Julián Guerra pidiendo ídem a la hora de reivindicar el sitio que merece su torero en las galas y en los carteles. Se rebeló contra el ninguneo y le puso sal y pimienta en un mundillo que se antoja excesivamente acomodado en lo políticamente correcto y retó a Roca Rey a lidiar la corrida de Victorino. Si la trayectoria de Borja se ha basado en el ataque, si el ascenso le ha costado sangre, sudor, lágrimas y tiempo parece lógico que no vaya a conformarse. Más allá de los titulares que haya generado, el posicionamiento de apoderado y torero supone una nueva carga para el propio espada que de esa forma se compromete todavía más. En postura más acomodaticia ni sería Borja ni hubiese llegado hasta aquí. Uno los escucha y no puede evitar aquel lance de Palomo con Camino.
Sables y batallas
En los despachos ajenos la cosa no anda menos revuelta, pero con un pronóstico peor. No acabamos de tener suerte. El pliego de Albacete, plaza de relevancia, ha cambiado canon por asunción de costes por parte de los empresarios que los expertos califican de enormes, rozando lo inasumible a riesgo de caer en la temeridad -vacas, novillos, música, escuela, espectáculos deficitarios…mucho me temo que en otros sectores no se atreverían a ese trasvase de costos- pero en el toro cabe eso y más; y en Zaragoza, bajo las siglas del PSOE han consumado, salvo rectificación a la que se resisten, el mayor despropósito que se recuerda en una exhibición de ignorancia o de maldad antitaurina. No solo convierten la concesión en una subasta al alza descarnada, sino que piden carteles, con fechas y nombres, en el mes de febrero. ¿Quién sabe para entonces los espadas que interesan en octubre, ni las combinaciones más adecuadas, ni las fechas que los espadas pueden tener comprometidas? … Y naturalmente se ha encendido la bronca. Nada de todo ello, pese a la postura de la patronal, va a impedir que destacados componentes del sector acudan al concurso subasta, en realidad más subasta que concurso. Así que todo va a quedar en un bla, bla, bla. Nada nuevo en la historia, luego con sacar la tijera de los recortes problema resuelto a cambio de un problema mayor, el rebaje de la calidad. Que no se quejen.
El alcalde de Xàtiva a por la clausura total: prohíbe hasta entrenar a los toreros en la plaza
Y en Xativa, plaza con gran historia, los últimos años secuestrada bajo el argumento de un referéndum inclasificable y bananero, el señor alcalde (PSPV) anda dispuesto a borrar cualquier atisbo de actividad que huela a toreo y no conforme con tenerla chapada y desaprovechada para el uso para el que fue levantada (sometida de paso a un proceso de deterioro galopante) ahora ha prohibido la entrada a los toreros de la tierra que acudían a entrenar. Ese era su pecado, entrenar, torear de salón. La alcaldada, puro abolicionismo dictatorial, dura ya diez años. La actividad la puede abolir el señor alcalde, la historia no. La afrenta a los aficionados tampoco.
Una noticia buena para acabar. Morante ha dado un paso más en la configuración de su temporada según ha adelantado Jorge Casals en Aplausos. El sevillano ha decidido contratarse en la feria de Jerez, plaza de su gusto, alejada de la exigencia del norte y referencia de sus mejores tardes. Un motivo más para prolongar la procesión morantista.
Borja Jiménez, retador y ambicioso. Aplausos
