REPORTAJE

Esperanza Macarena: historia de cinco broches y un torero

Álvaro Solano
jueves 02 de abril de 2026
En el corazón de la "Madrugá", un pequeño detalle late con fuerza haciendo respirar a la Esperanza Macarena: cinco broches que transformaron la devoción de Joselito "El Gallo" en un legado cofrade de fe y tradición

Cada madrugada de Viernes Santo, la Esperanza Macarena se abre paso por las calles de Sevilla al son de la devoción y al petricor de cera y pétalos. Su presencia evoca un aire de redención y aflicción, como si en su mirada se recogieran los silencios y las plegarias de todo el que la contempla. Destaca en ella un detalle que esconde un relato histórico: las mariquillas. Su crónica nos lleva a comienzos del siglo XX y a la devoción que la profesaba Joselito "El Gallo", el rey de los toreros.

El origen de estas joyas se sitúa en el año 1913. En aquel momento, Joselito, ya convertido en figura, adquirió en París cinco broches de cristal de roca verde, engarzados sobre oro blanco y rematados con brillantes. Una alhaja muy valorada en la alta sociedad de aquellos años. El torero de Gelves, que siempre estuvo muy unido a la Macarena, decidió entregarle las joyas a la virgen como muestra de su devoción. A partir de ese momento, las piezas pasaron al tesoro de la Dolorosa y pronto quedaron fijadas como uno de sus rasgos más representativos.

La imagen de Joselito el Gallo, frente a la Macarena.

La colocación de los broches se atribuye a Juan Manuel Rodríguez Ojeda, encargado de vestir a la virgen durante esas primeras décadas del siglo XX. Rodríguez Ojeda fue, además, figura clave en la modernización de la Semana Santa, sentando las bases de la estética procesional y cofrade que ha llegado hasta nuestros días. El día de la imposición de la corona de oro, en el año 1913, fue la primera ocasión en las que lució las joyas en el pecherín según el escritor e historiador de la época, Santiago Montoto. Desde entonces, las cinco piezas se han dispuesto de diferentes maneras, predominando el conjunto que sitúa dos a un lado y tres al otro, como las lágrimas del rostro de la Dolorosa.

Años más tarde se añadió un detalle clave que transformó los broches en un icono inseparable de la Esperanza Macarena; unos pequeños muelles. Estos elementos se montaron tras cada una de las mariquillas en el extremo de la lanzeta, dándole una sensación de vaivén durante la estación de penitencia. A la luz de la candelería, ese leve movimiento produce un efecto que hace a la virgen respirar, como si su pecho se elevara suavemente en cada aliento de su aflicción.

Joselito "El Gallo" siempre tuvo una gran relación con la Hermandad de la Macarena. Ocupó varios puestos dentro de la junta de gobierno, inclusive en el momento de su muerte, en el año 1920. Gallito ha sido una figura clave en la corporación, más allá de las mariquillas. Fue uno de los benefactores e impulsores de la coronación de la Macarena, llegando a torear una novillada en solitario en Sevilla a beneficio de la corona de la virgen que se estaba trabajando en la Joyería Reyes bajo la batuta de Juan Manuel Rodríguez Ojeda.

Con el capote liado y montera en mano, así es el monumento de Gallito frente a la Macarena.

Su fuerte unión y el cariño con el que la hermandad le recuerda quedó sellado en el año 2021. El primer sábado del mes de junio, se inauguró frente a la casa de la Esperanza Macarena una escultura de Gallito: con el capote liado, montera en mano, haciendo su último paseíllo; el que le llevase a encontrar a su Macarena. A los pies del Rey de los Toreros, la siguiente inscripción : "A José Gómez Ortega, hermano macareno ejemplar. Rey de los toreros y héroe del pueblo, comprometido con los más desfavorecidos. Generoso benefactor de esta Hermandad y del barrio de la Macarena y ferviente devoto de la Santísima Virgen de la Esperanza. La Hermandad de la Macarena en reconocimiento y gratitud perpetuos. Sevilla, 5 de junio de 2021".

La historia de José Gómez Ortega estuvo siempre fuertemente ligada a la Esperanza Macarena. La profunda devoción del torero tuvo sus raíces en su madre, siempre devota de la Virgen de la Esperanza. De aquella fe heredada surgió una convicción cada vez más sólida con el paso de los años, quedando en la memoria de Sevilla el nombre de José Gómez Ortega y el de la Esperanza Macarena, unidos para siempre.

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