Cano ha sido el testigo, durante la mayor parte del siglo XX y lo que llevamos de este, de lo que ha ocurrido en los ruedos más importantes de España. A sus 102 años su gorrilla blanca sigue formando parte de la memoria popular.
Aunque no fuera más que porque si él no hubiera estado allí no existiría ni un documento gráfico de la última tarde de Manolete en Linares, se merecería Francisco Cano "Canito" el Premio Nacional de Tauromaquia. Pero es que además Cano ha sido el testigo, durante la mayor parte del siglo XX y lo que llevamos de este, de lo que ha ocurrido en los ruedos más importantes de España. Tampoco se puede dejar aparte su bonhomía a la hora de los reconocimientos. Paco Cano es un gran tipo, con una calidad humana que desborda los límites de su pequeño cuerpo. Al hombre de la Leica lo quiere todo el mundo del toreo, y los aficionados que llevan tantos años viéndole casi abrir plaza, con sus aparejos fotográficos en ristre, frente a los matadores colocados en la puerta de cuadrillas. A sus 102 años su gorrilla blanca sigue formando parte de la memoria popular de un siglo de Tauromaquia.
Solo un cobarde, envidioso y retorcido, emboscado en el anonimato de las redes ha sido capaz de negarle méritos para ese Premio tan bien concedido. El quídam en cuestión se nomina a sí mismo Antonio Tonante, ¿o será Tunante? ¡Qué pocos vamos quedando, pero qué mala leche tenemos!
