BENLLOCH EN LAS PROVINCIAS
Foto: ArjonaFoto: Arjona

Solo falta otro nobel que lo novele

José Luis Benlloch
domingo 26 de abril de 2026
De Valencia a Sevilla: del verano sangriento a la feria sangrienta; la suerte no hizo distingos. Cayeron los dos lideres, Morante y Roca Rey, el genio y el general

Disfrute, sangre, sudor y gloria. Esa es la esencia de la tauromaquia. Abajo las mixtificaciones. El precipicio vital como telón de fondo. Gloria y reconocimiento al teatro y a otras artes escénicas, pero aquí se muere de verdad. Esa es la diferencia. No es una performance. Sevilla asomó estos días como escenario del toreo en su aspecto más crudo. ¿Crudo o cruel?... también cruel en su versión más reciente. Y adictivo, también adictivo. Los marcadores del interés en los medios digitales dando la máxima audiencia a sus informaciones, pinchazos se le llama a eso, son la prueba. Nada nuevo. Quede claro, ni el dolor ni el riesgo ni la crudeza del toreo estaban desaparecidos, solo estaban agazapados. Y no ha habido distingos. Cayeron los de un bando y los de otro. El patriarca y el general. El artista y el valiente dicho sea para entendernos, aunque ambos militen en los dos bandos. A la mitificación definitiva de Morante que estás en los cielos, le siguió pocas horas después, para qué esperar más, la respuesta desgarrada de Roca Rey, negado a quedarse atrás. No sería Roca. Entrega sin límites la suya hasta la propia inmolación. Responsabilidad se le llama a eso, el cargo obliga y lo asume. Justo lo que sucedió. Todo un carácter al que los titulares que le cercan estos días desde el cuché se le quedan cortos. En cualquier caso, salsa a la leyenda. Bien tratado tampoco viene mal: Joselito, Manolete, Paquirri, Manzanares y tantos otros también jugaron la partida de lo sentimental.

Morante, siendo llevado a la enfermería de la Real Maestranza por sus compañeros. Foto: Arjona

Uno y otro, Morante y Roca Rey, el genio y el cóndor peruano, defendiendo sus cimas sobre la planicie del albero, en el escenario más solemne, han afrontado cada cual su peaje sin remilgos, conscientes. Recordando la verdad del toreo, avalando un arte único, asumiendo la falta de red que le mantiene vigente a riesgo de la vida de sus protagonistas. Aquí nadie se va de rositas, ni los más sabios. Recuerden aquel Joselito el Gallo, a quien su propia madre, la "señá Gabriela", aseguraba que ni sorprendiéndole en la siesta cogía un toro a su hijo y ya ven.

Todo ello viene a razón de lo ocurrido en la semana ferial de Sevilla. Alegría y dolor se dieron la mano. ¡Cómo torearon y cómo cayeron! Morante después de torear como los ángeles si los ángeles toreasen; Roca, lo dicho, como un general, defendiendo su fortaleza. No olvidaré su mirada encendida buscando al oponente que no enemigo, cae o no cae, mientras le llevaban a la enfermería con el muslo abierto en canal. Y en la memoria y en los libros aquel verano sangriento del 59 con dos gallos en abierto pleito artístico: entonces fue Valencia, Luis Miguel, Ordóñez, Hemingway, como grandes protagonistas; ahora en esta Sevilla del 26, feria sangrienta como no se recordaba, Morante y Roca, héroes actuales con muchos hemingway al teclado, a la caza de la reflexión definitiva. Nada ha cambiado en la esencia solo que, salvando los tiempos, este toro actual está claramente por encima del toro de entonces, eso seguro, y estos artistas… ¿estos artistas también?... desde luego no están por debajo de aquellos, dicho sea con intención de desterrar las tentaciones de añoranza a las que tan dados somos los aficionados. Solo falta otro nobel que lo novele.

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