Las cornadas nunca son bienvenidas, pero dentro del mal trago que suponen siempre, las hay de efectos positivos como ha sucedido con los percances de Morante y Roca Rey en Sevilla. En el primer caso porque consolida definitivamente el mito, el genio también es bravo; en el segundo porque le ha granjeado el reconocimiento definitivo, como es de justicia, de la reticente Sevilla, al punto que el propio torero se mostraba feliz y viendo su gestualidad en la plaza crecido, daba por bueno el sacrificio.
Tras los percances que han ocupado las primeras páginas de los medios, aficionados y empresarios, especialmente los que les tienen anunciados como argumento principal en las próximas ferias, se debaten en la incertidumbre de si podrán reaparecer o no. Las ferias de Valladolid, Jerez, Aranjuez, Nimes… con las localidades para verlos agotadas prácticamente desde que los carteles salieron a la luz, son el objetivo término, aunque nada fácil de alcanzar por ninguno de los dos. En el caso de los toreros, más allá del estado de las heridas la cuestión mental es el factor determinante, tanto para prolongar la convalecencia como para adelantar la vuelta como ha sucedido tantas veces. Se trata de plazos que nada tienen que ver (en ocasiones la comparativa puede ser sonrojante) con las lesiones de los deportistas.
Morante, que superando el trago inicial se mostró "animado y comunicativo", le dieron el alta hospitalaria a petición propia para seguir el proceso de recuperación en su domicilio donde acuden los doctores para vigilar su evolución, tiene a Nimes como objetivo para volver a pisar el ruedo. Roca Rey, por su parte, se recupera en el mismo hospital en el que los doctores recomiendan que permanezca dos o tres días más. El peruano pasó las primeras horas sin fiebre y buen ánimo que son los mejores síntomas en estos trances. La cornada en el muslo, de 35 centímetros en dos trayectorias que no le afectan al paquete vascular, evoluciona positivamente sin que hayan aparecido infecciones. Los doctores le recomiendan un plazo de treinta o cuarenta días para volver a los ruedos, plazo que no contempla el torero empeñado en volver cuanto antes. Pese a su empeño se pierde las tres tardes que tenía firmadas en Méjico y tampoco estará en Valladolid. Fuentes próximas al torero aseguran a Las Provincias que quiere estar en Madrid por encima de todo y para llegar en condiciones cumpliría antes los contratos de Jerez y Talavera. Esos son los objetivos, ahora la ciencia y el ánimo de ambos tiene la última palabra.
Foto: Arjona
