Arrancó la tarde en La Línea a los sones de un coreadísimo himno nacional, tal y como era de esperar, tras proclamarse nuestra Selección de Fútbol campeona del mundo por segunda vez. El rostro de la terna, complaciente, mostraba también su orgullo por ello.
Abrió plaza un toro justito de cara que también anduvo justito, por no decir escaso, de condiciones. Morante quiso torear a la verónica y salirse hacia fuera con él pero no le dio muchas opciones. Lucieron con los palos Juan José Domínguez y José María Amores. La faena solo encontró contadas pinceladas ante la deslucida y defensiva embestida del de Garzón. Morante le cogió el aire y toreó realmente despacio, pero sin otros matices que destacar. Certero al segundo intento con la espada recogió una ovación.
Juan Ortega sí que sacó a relucir su capote acompañado de unas muñecas que son de valor tan incalculable como impredecible. Se gustó y quiso repetir haciendo uso de su quite, esta vez por chicuelinas con su aire característico y muy ajustadas. El toro, sin estar sobrado de fuerzas ni raza, y con sus defectos en la embestida, ayudó a que Ortega pusiera su toreo de manifiesto. Todo muy despacito, muy suave y sin tirones, porque cuando uno de esos tres elementos fallaba, Trapajoso se iba al albero. Surgieron varios oles a la mitad de varios muletazos que procuraban enroscarse en la cadera del trianero. Momentos, detalles y torería en una faena rematada de estocada contraria y oreja que paseó el torero. Jorge Fuentes y Perico saludaron en banderillas.
Con esta terna, lo que cabe pensar y esperar es que brillen el temple y el paladar. Pablo Aguado mantuvo el guión, salió con más bríos su primero y lo recibió por chicuelinas de enorme ajuste con un vaivén en las telas que embebieron la embestida del de Garzón. Cerró el recibo por verónicas y una media de gran calidad. El colorao mantuvo buen aire aunque sin humillar y también falto de gas para seguir las telas. Bien en banderillas Diego Ramón Jiménez y Sánchez Araujo. Comenzó torerísimo, con personalidad y pronto a torear en redondo. Allí toro solo le cabían tres y el de pecho y cuanto más del tercio para tablas más se paraba. Lo exprimió con muchísimo gusto y poniendo toda la entrega Pablo, resultó incluso volteado de querer enroscárselo, pero escapó sin mayores consecuencias. Estocada delantera y una oreja que paseó por el anillo linense.
Morante de la Puebla salió a no quedarse atrás y se le vio motivado con el capote, toreo a la verónica y esa suerte de chicuelina agarrando con una mano la esclavina del capote. Tuvo algo más de cara y buen aire de salida el colorao cuarto de Garzón, aunque no tuvo clase. El galleo por chicuelinas fue un escándalo. Curro Duarte, matador de toros y empresario del coso, recibió el brindis de su padrino, Morante. Hilvanó una faena en la que hubo tanta lentitud en su toreo como garra en su querer. Lo intentó en los medios y acabó al límite de la primera raya. Las primeras series con algo más de recorrido; le tropezaba la muleta a Morante al final de los muletazos de la lentitud con la que quería llevarlo. Paladar para toreristas, dado que la tarde no iba desde luego con perspectiva torista, pero el torero estuvo y quiso. Falló de primeras y a la tercera sí que consiguió la estocada. Ovación para Morante que cerró así su paso por la feria.
El quinto, sin honores al conocido refrán, poco colaboró a la intención de Juan Ortega, que no consiguió lucir con el capote más allá de algún lance aislado. El castaño hizo pensar a Ortega que podía haber esperanza. Comenzó con esa torera mezcla entre airosos molinetes y pases de las flores pero faltó continuidad, la que faltó a toda la labor junto con la transmisión pertinente, siguiendo el hilo marcado por la desrazada corrida de Garzón. No cesó en su empeño Ortega y a pesar de las condiciones encontró picos donde brilló su esencia sin toro. Estocada al segundo intento y oreja a la voluntad.
El sexto titular anduvo derrengado de los cuartos traseros, la presidencia quiso andar con paciencia y cautela antes de devolverlo pero la paciencia de los tendidos se colmaba cada vez que Pablo Aguado o su cuadrilla lo pasaban con el capote. Apareció el pañuelo verde y apareció en el ruedo un sobrero con algo más presencia que sus hermanos. Aguado se limitó a recogerlo. Acudió con tanta fuerza al caballo como velocidad tuvo para irse cuando sintió el hierro las dos veces que entró. Esperó en banderillas y tanto Iván García como Sánchez Araujo expusieron en su intervención. A partir de aquí, el comportamiento del toro fue otro cúmulo de vaivenes sin entrega, raza o transmisión. Aguado fue enmarcando aquellas embestidas en su pinturería personal y su cada vez más latente faceta para plantar batalla a toros poco aptos. No se puede negar la voluntad y empeño del sevillano pero si no hay toro es muy difícil. Media estocada al segundo intento y un golpe de cruceta dieron por finalizado el festejo que superó las tres horas de duración.
La Línea de la Concepción (Cádiz). Lunes 20 de julio de 2026. Toros de Gregorio Garzón (6º bis), desrazados, sin transmisión ni fondo y de presencia justa. Morante de la Puebla, ovación con saludos en ambos; Juan Ortega, oreja y oreja; y Pablo Aguado, oreja y palmas. Entrada: Tres cuartos de plaza. Jorge Fuentes y Perico saludaron en banderillas en el segundo, e Iván García y Sánchez Araujo, en el sexto.

