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La Escuela, una joya a cuidar

Pedro Toledano
domingo 26 de julio de 2026
Israel Guirao o Pablo Torres son algunas de las nuevas promesas... y me han traído a la memoria el largo, prolijo y brillante camino recorrido desde que allá por los albores de la década de los ochenta, se pusiera en marcha la que hasta hoy es considerada como una joya (en estos tiempos imprescindibles) de nuestra tauromaquia

Las últimas revelaciones que han aflorado de la Escuela de Tauromaquia de Valencia, Israel Guirao, de Mislata, y Pablo Torres, de Puçol, que dicho con indisimulado gozo, tienen al mundo de los cazatalentos en modo de alerta permanente, me han traído a la memoria el largo, prolijo y brillante camino recorrido desde que allá por los albores de la década de los ochenta, se pusiera en marcha la que hasta hoy es considerada como una joya (en estos tiempos imprescindibles) de nuestra tauromaquia.

Y es al hilo de estas ultimas alegrías que nos han dado estos prometedores chavales (las penúltimas fueron las de Román y Nek Romero), y conociendo que la Diputación de Valencia, responsable del buen funcionamiento de esta Escuela, está contemplando incluir su gestión en el nuevo pliego de arrendamiento del coso que está elaborando para que entre en vigor la temporada de 2028, entiendo que es el momento de pedirles a quienes estén en esa tarea, el máximo celo para que nada de lo logrado hasta ahora sea vea perjudicado y en esa recomendación entraría no desarmarla de medios personales y económicos.

Se puede entender que en períodos de transición tarden en ajustarse los engranajes de la gestión. Entendible. Pero alargarlos en el tiempo es peligroso. Fue de las primeras Escuelas de Tauromaquia que aparecieron en el universo del toro, la Diputación de entonces la dotó de un cuadro de profesores ejemplar. Lo integraron quien fuera afamado diestro valenciano en la década de los cincuenta, Francisco Barrios “El Túria”, y como profesores también a grandes profesionales como lo fueron el maestro Graneret, Paco Honrubia y el dinástico Antonio Vera.

Pronto comenzaron a aparecer nuevos nombres enriqueciendo la densa y prestigiosa estirpe de toreros valencianos. La primera promoción la lideraron los Alberto Ballester, Juan Rafael López, Rafaelín Valencia, Juan Carlos Vera y… Enrique Ponce, si bien éste venía ya de la iniciativa “Monte Picayo busca un torero”, que puso en marcha José Luis Benlloch, que al final sería el embrión de la escuela de la que tan orgullosos se siente tanto los aficionados como todos aquellos que pudieron vivir la experiencia de sentirse toreros.

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