REPORTAJE
El Cordobés, en la Feria de Julio de 1964. Ese día le cortó un rabo a Arrabalero, de Samuel Flores.El Cordobés, en la Feria de Julio de 1964. Ese día le cortó un rabo a Arrabalero, de Samuel Flores.

6 hitos 6 (y alguno más) en la historia de la Feria de Julio

José Luis Benlloch
martes 28 de julio de 2026
De Granero a Ponce pasando por Manolete, Litri, Ordóñez, Camino, El Cordobés… la diversidad de estilos de los protagonistas y la pasión con la que lo celebraron definen una afición

La Feria de Julio ha tenido numerosos momentos estelares con protagonistas de lo más diferentes. Todo se explica. La personalidad abierta de sus gentes ha permitido que en sus hitos más señalados comparezcan nombres de estilos la mar de contrapuestos, detalle definitorio que le aleja (debería) de modelos de comportamiento lejanos o mesetarios que de manera recurrente quieren imponer, sin valorar que ni Sorolla es El Greco ni la Almudena la Virgen de los Desamparados ni tampoco las devociones pueden tener el mismo grado pasional ni las mismas formas de expresión. Entre los hitos más destacados de su historia, rescatamos seis por acotar una lista interminable y utilizar una vieja expresión taurina, seis toros, seis, seis hitos, seis, que no son los únicos, naturalmente, pero sí guardan un lugar de privilegio en la memoria colectiva.

Valencia fue de Joselito, al que se entregó desde que se presentó siendo un niño, amor correspondido por el maestro que ya consagrado remataba las temporadas estoqueando seis toros allá por el mes de octubre donde era recibido como un héroe, con fastuosos homenajes en tertulias y teatros. Deferencias recíprocas entre quien fue el rey de los toreros que siempre tuvo, así lo cuentan las hemerotecas, a Valencia como plaza propia. No fue una idolatría excluyente toda vez que la misma Valencia había rescatado, a mayor gloria del toreo, a un Juan Belmonte que Sevilla había negado previamente. Y en ese contraste de gustos Valencia fue de Manolete y Arruza, de Litri y Aparicio, de Camino y de El Cordobés, adoró a El Soro y presumió de Ponce, que llegó para compensar la frustración mortal de Granero. Estas son las seis tardes y alguna más para poner en valor y subrayar la grandeza que legendaria de la Feria de Julio.

-La feria de Granero, la de 1921. Un toro acaba de matar a Joselito el Gallo y es la primera vez en la historia que un valenciano acude con la vitola de primera figura. Granero torea seis tardes, las mismas que Juan Belmonte, que acaba de quedarse sin José, su amigo y competidor directo. El éxito de Manuel es abrumador. La plaza se llena a diario. Es tal la expectación que por primera vez aparece la publicidad como atractivo por sí misma, todos los días cuando los espectadores llegan al coso, se encuentran con un gran tapiz de colores en la arena que anuncia Kola-Cortells, refresco que calificaban de licor higiénico, se supone que made in Valencia y como es lógico con aspiraciones de consolidarse en el mercado. Detalle que retrotraigo con la intención de poner en valor la relevancia de la Feria de Julio. Cada día utilizaban junto a la marca un icono valenciano, el escudo, el rey don Jaime, la senyera… y el público acudía expectante para comprobar cómo era el nuevo diseño. Hasta la tercera tarde no pudo Granero superar la presión de competir con Belmonte, nada nuevo, pero a partir de ese día todo cambia: cuaja una gran faena a un toro de Santa Coloma que brindó a Mariano Benlliure, quien le prometió una escultura del mismo torero, "vale por una artística faena como la tuya", le escribió en una tarjeta de vuelta junto a la montera; en la cuarta le corta un rabo a un miura y otro rabo le cortó en la última a un pablorromero.

Manuel Granero. Su Feria de Julio fue la de 1921. Toreó las seis tardes. 

-La feria de Manolete, sucedió en 1942 y supuso la consagración del cordobés en Valencia. Torea tres tardes con unos resultados impresionantes, corta nueve orejas, cuatro rabos y cuatro patas, mutilación que quedó prohibida posteriormente. El éxito lleva acarreado un premio de 25.000 pesetas de la época que reparte entre los componentes de su cuadrilla, mil pesetas a cada uno y las 18.000 restantes las dona para obras asistenciales. Además, le entregan un precioso capote de paseo que el Monstruo, como le bautizase el periodista alicantino K-Hito, dona igualmente en este caso para hacerle un manto a la Virgen de los Desamparados.

En la feria de 1942, Manolete cortó corta nueve orejas, cuatro rabos y cuatro patas. Foto: Finezas

-La feria de Aparicio y Litri, estamos en 1950 y es tanta la pasión que ha despertado la irrupción de la pareja de novilleros que forman Julio Aparicio y El Litri, nadie olvida que este había nacido en Gandia, que por primera y única vez se sustituyen las corridas de toros por seis novilladas, en todas torea la pareja, en las cinco primeras acompañados por un tercer hombre, Enrique Vera, Paco Honrubia, Félix Guillem, Chaves Flores y Dámaso Gómez son los elegidos para compartir cartel con los dos fenómenos, y en la última comparecen mano a mano. La feria se quedó para la historia y la devoción por Litri ya no tendría límites.

-La feria de Luis Miguel, Ordóñez y Hemingway, 30 de julio de 1959, no se trató exactamente de la feria porque fue la corrida de la prensa, pero se dio pegada al abono como conmemoración del primer centenario de la inauguración del coso y se aprovecha para descubrir un monumento de agradecimiento de los toreros a Fleming que tantos dolores y tragedias les había evitado con la penicilina. Torean mano a mano los dos cuñados. El madrileño falla a espadas y no corta trofeos, al rondeño le conceden, como se decía entonces, dos apéndices auriculares. En ese aspecto no fue nada especial, pero queda el recuerdo de la cogida de Luis Miguel y sobre todo quedó el capítulo que Hemingway, en su obra Verano Sangriento, le dedica a la corrida que alcanza fama internacional. Para entonces, Don Ernesto, que ya conocía Valencia desde su primera incursión por España siguiendo al Niño de la Palma, había tomado parte por Antonio y dio vuelo internacional a la competencia entre los dos maestros.

Luis Miguel y Ordóñez. Palabras mayores.

-La feria de El Cordobés, julio de 1964 . El fenómeno de los pelos largos no había logrado triunfar en Valencia como matador de alternativa hasta ese día, que en corrida televisada, cuando España se paraba ante los televisores para verle, logra cortar un rabo al toro Arrabalero de Samuel Flores y como expresión de júbilo el público, por esta vez, convierte las lanzas en cañas y llena el ruedo de almohadillas y seguidamente salta a la arena pese a la oposición inicial de los grises de la época que finalmente, en lugar de reprimir la desobediencia, deciden participar de aquella locura colectiva. Desde ese día Valencia fue definitivamente cordobesista.

-Y mucho más, el mano a mano de Antonio Ordóñez y Paco Camino es otro de los grandes hitos de la Feria de Julio de 1960. Camino acaba de tomar la alternativa en Valencia el domingo de Resurrección y está anunciado en la Feria de Julio con Ordóñez y Diego Puerta que días antes cae herido en Tudela y la empresa decide dejar el cartel en un mano a mano entre el rondeño, maestro ya consagrado, y el jovencísimo sevillano. El resultado es glorioso, Camino, poco más que un niño, pasó ese día a ser uno de los grandes.

Antonio Ordóñez y Ernest Hemingway. Inseparables.

Igualmente pueden considerarse hitos la tarde en que Roberto Domínguez y El Soro en la mañana de la corrida se caen del cartel por desavenencias con los toros aprobados y un jovencísimo Enrique Ponce asume el reto de estoquear los seis como único espada; la resurrección del maestro Manzanares con los toros de Miura, las muchas tardes del mejor Soro, la alternativa de Barrera en 1994…

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