Es sábado tarde. Los portales traen las novedades de la jornada y dos fotos impactantes. Entre las novedades hay buenas noticias: la exhibición de un Juli bárbaro en Pozoblanco, Juli ¡qué sobrao!, titulaba aplausos.es, después de que cortase ocho orejas, un rabo y matase cinco toros con la mayor naturalidad y sin previo aviso; la faena de Luque al último toro de Alcurrucén en Sevilla y el buen nivel de El Cid esa misma tarde, pero por encima de todo, incluso de la faena de Morante en Barcelona, el impacto del día, para mí, son dos fotos del mismo Morante a hombros. Parecían irreales o la jugarreta de algún hacker de esos que se cuelan en tu intimidad informática. Así que tras la sorpresa apagué y encendí de nuevo el ordenata por si acaso pero seguían allí. Eran verdad. Por mucho que me cuentan de la faena de Morante me quedo con las fotos. En la primera aparece el de La Puebla traspasando en hombros la verja de la Monumental. Los costaleros y aficionados que le rodean son insultantemente jóvenes. Algunos muy jóvenes. No sé si es casualidad ni si se pusieron para la foto pero quiero que sea real. Con muchas fotos así, con tanta vida en la euforia, no hubiese habido prohibición. La otra es el mismo Morante en hombros por las calles de Barcelona y en ese momento al menos sin mossos d’esquadra que arreasen estopa. La foto puede ser historia pura, póngale pie: la última vez que el toreo ganó la calle en Barcelona; o aquel otro más esperanzador, el toreo comenzó a ganar la calle… El caso es que Morante, como en los tiempos del esplendor, aparece adorado y reconocido, cual un Dios pagano en andas de los fieles por las calles de Barcelona ¡en aparente normalidad! Es como si el toreo hubiese comenzado a recuperar la libertad perdida.
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