El fin de mes ha hecho coincidir tres buenas ferias. Tres del primer circuito, Valencia, Santander y Mont de Marsan y otras varias que sin tener ese relumbrón son necesarias para sustentar el gran edificio de la Tauromaquia. Que no sólo de grandes cosos y estrellas se alimenta la Fiesta. En Valencia, Feria de Julio, se jugaba el toreo un bastión clave. No confundan el reto con una cuestión localista, se la jugaba el toreo en su globalidad. Perder la Feria de Julio, y está en peligro, no es cuestión de nostalgia por lo que fue y no es, ni reto que afecta a los aficionados de la tierra y a la economía local que por supuesto les afecta y si no que hagan un estudio de las recaudaciones de bares y locales de ocio los días de toros y los días que la plaza está cerrada, perder Julio es perder un símbolo de la historia del toreo general, entregar una bandera a los anti que no cesan en su empeño de menguarnos, allí estaban, en la acera de enfrente, vociferando, haciendo incómoda la asistencia del público, injuriando, jodiendo... Perder la Fira es ceder territorio en esa guerra de tierra quemada que están imponiendo quienes todos sabemos y sus intereses partidistas sin importarles si son conveniencias coyunturales como en San Sebastián, o si su postura es consecuente con lo que ellos mismos imponen pocos kilómetros más allá.
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