Las Fallas tienen los carteles en la calle o, para ser más exactos, en manos de los políticos que les tienen que dar el plácet; la confección de los carteles de la Magdalena avanza a buena marcha y con la intención de que estén todos los grandes y lo estarán salvo que las estrellas se enzarcen en extrañas exigencias de vecindad del estilo de con este no toreo o ese día no voy y tal y tal; no estarán muy lejos de la filtración final las combinaciones de la joven y vitalista Olivenza, que este año se enzarza con las Fallas en ese calendario marceño que ha acabado siendo de lo más torero del año por lo que anuncia y por lo que trasciende. Todos saben que un triunfo o un fracaso en agosto se tapa el día siguiente poniendo un triunfo donde dolía el fracaso y/o al revés y hasta puede que el triunfo ajeno disimule el propio y al contrario. Nada de eso pasa en marzo, donde los triunfos sobresalen y permanecen como en ningún otro momento y se convierten en moneda de mucho peso para que trabajen los apoderados y por el contrario los fracasos duran una eternidad hasta que llega Sevilla y lo arreglas si antes no te han hundido en la miseria por mor de una regla que vale para toreros y ganaderos porque ¡ay, del que no le embistan en Fallas!
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