Incendios. Incendios informativos por doquier. Escaramuzas en la arena, en los platós, en la red, en los despachos. La semana la miró un pirómano. Si valoramos todo en su justa medida, cabría decir que informativamente fue una gozada, si exageramos habría para abrirse las venas. Fue un continuo tobogán de aciertos y despropósitos, carne de periodismo, de motivos para sacar pecho y de emboscadas, de gestos como para sentirse orgullosos y de muecas de lo más feas para cualquier humano que se precie de tal. Un novillero que de pronto alumbra el futuro. Francisco José Espada se anuncia. Síganme a ese torero. Un presidente que se guarda el segundo trofeo como si le fuese la vida en ello y no es la primera vez. Dicen que es cicatería o rigor cuando en realidad debe ser ceguera. Para entonces no había hecho más que comenzar la semana. Todo seguido vino una tarde negra con tres toreros en la enfermería. Y aún pudo ser mucho peor si llega a pasar lo que pudo pasar, eso mismo que después de ver las imágenes, demasiado expuestas, excesivamente repetidas, todavía no nos explicamos cómo no pasó pero que afortunadamente, hay Dios, no pasó. Así que a la negrura le sobrevino pronto la esperanza de verles ya mismo en los ruedos, la satisfacción de comprobar la sabiduría de un equipo médico abnegado y preparado y cómo los medios generalistas, esos mismos por los que se pirran las figuras de hoy día, hacían alarde de oportunismo y llenaban sus portadas de sangre y morbo antes de caer de nuevo en el ninguneo. O cornada o mutis, ese es su libro de estilo. Lo que vino después, la salida de David Mora de la UCI, la visita de los compañeros, la ilusión desbocada de los propios toreros marcando plazos de recuperación que rozaban el milagro, todo eso y más se ensombrecía por la maldad derramada por los anti en la red. Ellos mismos se retratan. ¡Qué entrañas!... Qué mal debe estar la sociedad para generar semejantes descerebrados, cómo coño pueden luego hablar de respeto. ¿Qué ley es esa que lo permite? O acaso eso no es exaltación de la violencia o acaso un torero no vale lo que otro hombre.
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