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A la señora ministra de Ecología

Teresa Ribera, ministra para la Transición Ecológica, departamento equivalente al Ministerio para los Días de Viento, dice que está a favor de la prohibición de los toros y la caza. Sencillamente, explica, porque le gusta ver a los animales vivos. Poderosa razón que se puede entender, porque es algo común en los seres racionales, pero que no resulta demasiado convincente a no ser que la señora ministra sea radicalmente vegetariana. Se comprende que, dado el Ministerio tan difícil de gestionar que le ha caído en suerte, busque refugio en la Fiesta de los toros para justificar su ministerial cartera.

Aquí, en cuanto el Diablo no sabe qué hacer, con el rabo mata moscas. ¡Y quién mejor para ser convertido en tronco del pagadero que un espectáculo salvaje, fascistoide y denigrante como el de lidiar toros bravos! No conozco las ideas políticas de la señora Ribera, pero las sospecho y pienso que no haría mal en repasar las obras completas de Federico García Lorca y de Rafael Alberti, que políticamente no eran precisamente unos “fachas”, en las que encontrara bellos versos dedicados a Ignacio Sánchez Mejías, muerto a causa de la cornada de un toro en la plaza de Manzanares. Por cierto, que el segundo de tan grandiosos poetas llegó a hacer el paseíllo en la cuadrilla del cuñado de Gallito, en la plaza de La Coruña. Y Lorca exclamó en su elegía al torero amigo: “No hubo príncipe en Sevilla que comparársele pueda, ni espada como su espada, ni corazón tan de veras...”.

También Pepe Díaz, mítico secretario del Partido Comunista y amor tardío de Pasionaria llego a exclamar públicamente: “No entendería una España sin corridas de toros”. Que tampoco es moco de pavo. Y con don Ramón Rubial, que tantos años en tiempos más difíciles que los actuales, fue secretario general del Partido Socialista Obrero Español, coincidí muchas veces en ferias importantes de ciudades a las que había viajado para ver las corridas anunciadas. Y Alfonso Guerra, y Pepe Bono, y Fernando Ledesma -ex ministro de Justicia del Gobierno socialista-, y Pepote de la Borbolla, ex presidente de Andalucía por el mismo partido, y un largo etcétera de hombres y mujeres a los que no les ha quitado un ápice de sus ideas de izquierdas su aficion a los toros, a la que no renunciaron nunca.

En fin, señora Ribera, que no tiene usted necesidad de apalancarse en ninguna clase de antitaurinismo para sentar plaza de mujer progresista y de izquierdas. En todo caso, me gustaría oírla renunciar también a las langostas, los langostinos y demás frutos de mar que previamente a yacer en su plato fueron animales vivos como los toros antes de ser estoqueados. A sus pies, señora. A mandar, que para eso estamos...

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Paco Mora

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