Representa la voluntad. La renuncia. La entrega en cuerpo y alma. Entrega propia y familiar. Fuego de pasiones, la juventud en favor de una vocación...
Representa la voluntad. La renuncia. La entrega en cuerpo y alma. Entrega propia y familiar. Fuego de pasiones, la juventud en favor de una vocación, que espere la fortuna, que esperen los juegos de chico joven. Cuerpo menudo, rostro curtido por el sufrimiento. Nada le han regalado. Una leve sonrisa engancha con la felicidad del momento. Un leve guiño señala el dolor de la cornada lejana. ¡Qué caro es el triunfo!. Pesa más la felicidad. Son ideas que genera la salida en hombros de Leonardo Hernández por la Puerta de Madrid. Atrás quedaron los percances, ni rastro aparente de aquel dolor. Reto superado. Monta ahora el caballo del triunfo pero no ha llegado a la meta. Quiere más. Galope de torero templado, alma de joven brioso, el sueño a sus pies. Verle es un estímulo para los luchadores. No le acompaña ni la fortuna ni los apellidos ni la fama ni es icono de estos tiempos ni un top, no importa, en realidad no lo necesita, cabalga a lomos de una pasión. Llámenle torero. A mí me emocionó.
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A mí me emocionó Leonardo
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