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Pino Montano y el gesto de Borja Jiménez para la corrida in memoriam

Decía Víctor Barrio que la tauromaquia, más que defenderla, hay que enseñarla. La elección de acudir hasta Pino Montano para la presentación de la corrida In Memoriam donde Borja Jiménez toreará seis toros, es simplemente eso, enseñar la tauromaquia y un acierto mayúsculo. La finca sevillana fue hogar y propiedad de Ignacio Sánchez Mejías y punto clave en la consolidación de la Generación del 27.

Pero ¿Quién fue realmente Ignacio Sánchez Mejías? No sólo es el hombre tras el llanto de Federico García Lorca, ni mucho menos. Fue figura del torero, líder del escalafón, cuñado y banderillero de Joselito "El Gallo", presidente del Real Betis Balompié, presidente de la Unión de Toreros, conferenciante en Nueva York, presidente de la Cruz Roja de Sevilla, escritor, periodista, poeta... y, ante todo, mecenas y figura clave de la Generación del 27. Un hombre único como lo describió Lorca en su elegía: "tardará mucho tiempo en nacer, si es que nace, un andaluz tan claro, tan rico de aventura" y es que Ignacio fue eso, pura aventura.

Suya es, de Sánchez Mejías, gran parte de la culpa de la consolidación de la Generación del 27. En el tercer centenario de la muerte de Góngora, unió a las vanguardias de la literatura en el Ateneo de Sevilla. Un acto académico en el que se reivindicó el nombre y la figura del poeta del S.XVII y en el que se puso en valor su estilo tradicional e innovador que había sido rechazado por su carácter complejo. Sin embargo, más allá del acto, lo que realmente unió a este grupo de poetas fue el hermanamiento que vivieron en Pino Montano. Allí, bajo la luz de la luna, en una fiesta íntima y desinhibida, se disfrazaron con chilabas moriscas, bebieron y recitaron versos, tomando conciencia de que eran algo más que amigos dispersos. Rafael Alberti recordaría en sus memorias esta noche como un momento mágico: "Ignacio Sánchez Mejías nos llevó a su finca de Pino Montano, donde la poesía, el vino y la amistad se mezclaron hasta el amanecer. Aquello ya no era un homenaje académico a Góngora, sino algo distinto: una hermandad naciente".

Así fue, Pino Montano e Ignacio Sánchez Mejías fueron claves en la Generación del 27. El viaje a Sevilla y la estancia en la finca del torero dieron como fruto la unión de este extraordinario grupo de poetas. Sin el mecenazgo del propio matador de toros, quizás habría sido difícil, ya no sólo la unión, si no también la amistad que marcó a los miembros de esta generación: "No puedo concebir, conociendo como conozco al respetable Ateneo de Sevilla, que se gaste dos mil pesetas en llevarnos como no sea bajo el mecenazgo de Sánchez Mejías" escribía Pedro Salinas a Jorge Guillén en una de sus cartas. También Gerardo Diego deja por escrito que fue el torero quien pagó de su bolsillo dicho viaje: "organizados por el Ateneo y patrocinados y pródigamente costeados por Ignacio Sánchez Mejías". Y como ellos, Jorge Guillén, Dámaso Alonso... Incluso quedó registrado en un artículo de la época bajo la edición de La Gaceta Literaria.

La trágica muerte del torero en Manzanares golpeó con fuerza el corazón de la Generación del 27. El nombre de Sánchez Mejías recibió versos y recuerdos de este gran grupo de poetas. Su gran amigo Rafael Alberti plasmó en una sentida elegía la angustia por la lejanía ante la muerte de su amigo, y es que la cornada y la muerte de Ignacio Sánchez Mejías sucedieron mientras él se encontraba en un viaje al otro lado del Atlántico: “Yo, de viaje. Tú, dándole a la muerte tu último traje (…) Verte y no verte. Yo, lejos navegando tú, por la muerte”.

Sin embargo, todos ellos quedaron eclipsados por el Llanto de Federico García Lorca. Una elegía que es una de las obras cumbre de la literatura española. Mantiene el espíritu de las Vanguardias que caracterizaron a la Generación del 27, sumándole el uso exquisito de las metáforas como hacía Góngora y recuperando ecos del costumbrismo y la tradición. Transforma en sí la muerte en sentido trágico del símbolo universal, trascendiendo la figura taurina de Sánchez Mejías y centrándose en su humanismo. En definitiva, un trabajo exquisito, considerado una de las obras maestras de la lírica de la lengua española.

Por todo ello, Pino Montano es un lugar tan especial. Un lugar marcado a fuego en la historia de España, de su literatura y, por supuesto, en la historia de la tauromaquia. Un lugar hasta el que también llegaron las campanas de arsénico y el humo. Un lugar en el que todo fue muerte y sólo muerte en aquella fatídica hora. Sí, allí todos los relojes tocaron la misma hora cuando aquel niño trajo corriendo la blanca sábana ¡Ay, qué terribles cinco de la tarde! porque fueron las cinco en todos los relojes. Las cinco en punto de la tarde.

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Álvaro Solano

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