Dentro de este tumulto de parálisis producida por la enfermedad del miedo, algo se mueve. Hay una esperanza de recuperación de Zaragoza, ciudad que, con la nueva empresa sin apenas margen para trabajar, ha logrado recuperar la ilusión. Hasta la corrida concurso, usada errada y extravagante, trasnochada y argumento fácil para el presupuesto barato, ha tenido la dignidad que dice su nombre. Zaragoza, ya lo dijo Benlloch hace unos días, es una muralla contra esa zona politizada que logró terminar con el toreo en Cataluña. Pero hay más cosas que se mueven.
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