Es un embrión, una promesa, pero en su toreo y en su forma de expresarse se masca la personalidad de su rango: una confluencia azteca-sevillana, una fusión a través de la historia ganadera y torera de los Llaguno mexicanos y de la familia del maestro Manolo González. Pura sevillanía. De formación azteca y natural de Querétaro, su carrera como novillero sin picadores se fraguará en España a partir de la próxima temporada tras haber triunfado y demostrado sus condiciones en una brillante carrera como becerrista. Hijo y hermano de matadores de toros, Juan Pedro Llaguno, con 16 años, llega para quedarse.
- “Me llena torear con arte, con valor y sobre todo con imaginación. La improvisación es fundamental en el toreo”
“Parto con la ventaja de que llego avisado de la experiencia de mi padre y mi hermano. Cometeré otros errores, pero los mismos que ellos seguro que no”
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Acento mexicano, aromas sevillanos
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