Musculado, rematado, guapo y de viva expresión el jabonero que partió plaza. Fijo en el caballo. Fue toro encastado, de los que ahora llaman con disparo; exigente para estar delante por cuanto no regalaba ninguna embestida. En una faena de muchos tiempos muertos, los mayores logros de Diego Urdiales llegaron en una serie de cuatro naturales estupendos, también un trincherazo con mucho sabor en la apertura. Y poquita cosa más. Luego, con la espada, se atascó el riojano.
Luque entró en escena con un quite de plantas firmes por chicuelinas en el toro de Urdiales. Y con esa misma seguridad se mostró frente al astifino segundo, con sus amenazantes puntas por delante. Brindó la faena el sevillano a José Luis Benlloch. La apertura ya fue extraordinaria, torero y poderoso a partes iguales, y luego hizo fácil lo que en realidad no lo era porque había que ahormar una embestida con carácter, especialmente por el pitón derecho. Por la otra mano, el toro fue más claro y profundo, y Luque lo toreó fenomenal al natural. Muy sobrado el de Gerena que además en la corta distancia aguantó con estoicismo parones y alguna mirada intimidante, dejándose rozar las puntas de los pitones la taleguilla. Mató de una estocada contraria y algo trasera y paseó una oreja.
Descabalgó el tercero a Agustín Moreno. Caballo y picador al suelo. Costó levantar al equino y el toro fue picado en el que guardaba la puerta. Frenado, se lo pensaba mucho, reservón, Curro Javier trató de abrirle los caminos al toro. Y como quien no quiere la cosa, como si la papeleta que tuviera delante fuera sencilla, Samuel Navalón se echó de rodillas, acortó distancias, muy cerca, y se lo trajo toreado media docena de veces. Ahí ya quedó constancia de la absoluta entrega del valenciano. La faena fue un toma y daca. Fiero el toro, que exigió una barbaridad. Si tocaba la muleta, se violentaba y sacaba todo el genio. Por arriba no quería nada. Navalón marcó con su firmeza quién mandaba ahí. En una ocasión casi se lo echa a los lomos, en la siguiente le rompió el toro el estaquillador, en cada embestida parecía mascarse la cogida. Que llegó. No estaba para alardes el toro pero a ver quién le decía a este Navalón que se reservara, que contuviera su hambre de gloria. En un intento de cambiado por la espalda, lo cazó el toro, que prendió al valenciano por la espalda. Salió del trance aturdido, le quitaron la chaquetilla y todavía quiso más. Quedaba un ramillete de molinetes antes de la igualada y una estocada contraria. La oreja fue de justicia a tanta entrega. Importante de verdad su dimensión.
El cuarto fue otro toro serio y se llevó una ovación de los tendidos. Abanto y sin humillar de salida, resultó deslucido. Le faltó ritmo y se metía por dentro por el pitón derecho. No se le vio con demasiada fe a Urdiales, que dejó algún natural suelto bien dibujado. Discreto su paso por Valencia. Lo mató bien, de una estocada casi entera.
Valencia. Sábado 18 de julio de 2026. Toros de Toros El Torero. Diego Urdiales, silencio tras aviso y ovación con saludos; Daniel Luque, oreja; y Samuel Navalón, oreja tras aviso. Entrada: Un tercio de plaza. Saludó tras banderillear al segundo Antonio Manuel Punta.
Foto: Antonio Vigueras
