Uno de los símbolos de Salamanca, la ciudad de toros y la ciudad de Universidad, ha muerto. Alipio Pérez Tabernero Sánchez. Cuando yo trataba de ser Alves (un portugués que jugaba mejor que nadie y con guantes contra el frío en el Helmántico) en esas tierras donde las heladas hacían del bote del balón en campos de tierra, una pedrada de enemigo, conocí a esa ciudad. Y a Alipio. Yo quería ser del fútbol y caí en un lugar donde si jugabas en verde, al desaparecer la helada, el agua multiplicaba la velocidad de la pelota y obligaba a dar el balón al pie. Y los compas la mandaban al hueco. A correr. Inercia. Yo no era de correr. Al pie, un toque o dos, ligero. O pisarla. Y gambetear. La verdad, me aburría ese fútbol con el balón por aire. Terminaba uno con esguince de cervicales. Por lo verde, les decía. Es por lo verde. Abajo. Como el toreo, sin inercias, de enganchar.
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