El ganadero Alfredo Galdós y su hijo, el matador de toros Joaquín Galdós, se encuentran recuperándose del fuerte susto y de las cornadas que les propinó un toro de su ganadería, Santa Rosa de Lima, en su finca.
Alfredo relata cómo ocurrió todo: “Entré al corral a ver un toro que llevaba una cornada, no pensaba que se podía levantar pero cuando me di cuenta ya lo tenía encima. Estuvo dándome en el suelo, sin soltarme, y me dio una cornada en el pecho. Fue entonces cuando se tiró Joaquín a quitarme el toro y se llevó la peor parte, recibiendo una cornada muy fuerte en el escroto. Me hubiese matado el toro de no ser por Joaquín, se inmoló por mí. La culpa fue mía y casi nos cuesta caro a los dos mi error”.
Cuando pudieron quitarse el toro de encima y viendo que los dos estaban heridos, llamaron a Milagros, la esposa de Alfredo y madre de Joaquín. Fue ella quien los llevó en coche hasta el hospital más cercano, que está a tres horas de la finca. Una odisea. “Conducía como una loca”, recalca Alfredo.
Los dos se recuperan favorablemente. Alfredo tiene varias fracturas de costillas y una cornada en el abdomen de 20 cm. que afortunadamente no entró en la cavidad torácica. La cornada de Joaquín en el escroto reviste mayores complicaciones.
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