Lejos de mi intención ser agorero, pero la temporada que nos espera pinta con un horizonte desalentador. El negocio de los toros, hace ya varios años que decrece en número de espectáculos y en volumen económico, clara señal de que las alegrías presupuestarias pueden resultar suicidas. Las perspectivas del país para el próximo ejercicio son de cinturones apretados y recortes radicales, que tendremos que aceptar por mucho que duelan, sino queremos hundirnos en el vacío. Y eso es una realidad palpable, sujeta a pocas dudas ni discursos paliativos. En consecuencia, y parodiando a la reina de Inglaterra, este puede ser para la Fiesta un "annus horribilis".
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"Annus horribilis"
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