Del color del cobre, hasta las canas de su pelo quieren ser negras. Los años que tiene y que se han fugado de ese mapa de sol y esperanza que es su rostro, han hallado patria en su caja de limpiabotas de madera sobrante del arca. No la de Noé, sino de la Alianza. Tiene la mirada lenta del halcón veterano, la agilidad aún precoz de sus manos al cambiar de mano el cepillo, y la rutina aún no aprendida de quien trata de vivir este tiempo con las artes de birlibirloque de hace seis décadas. Como el toreo. Es orgullo ciento por ciento. Le dicen El Moro. Se llama Antonio y es gitano por la gracia o desgracia de Dios. Lleva en Badajoz más años que Badajoz. Limpia zapatos, vende lotería que nunca toca, cupones de ciegos que ven, narra leyendas sin copirray, cuenta mentiras que deberían ser verdad. Es eso que se nos va sin irse del todo. De tal forma, que uno no sabe si el que se queda es él y su mundo de limpiabotas y somos nosotros los que nos vamos. Los que ya nos fuimos. Los que quizá nunca estuvimos.
Samuel Navalón fue prendido a la altura de la pierna por el sexto toro, que…
La vigesimotercera de San Isidro, en el objetivo de Javier Arroyo y el vídeo de…
El salmantino fue severamente volteado a la verónica en una fea cogida en la que…
La esperada cita del Corpus maestrante, con cambios en los toros
Tres orejas para el salmantino en tarde contundente y dos para Rejas. Ambos salieron en…
La Plaza de Toros de Las Ventas acogió el pasado viernes el inédito estreno en…