Yo entiendo que a ningún empresario le apetece perder. Eso lo entiendo. Y en Vitoria, el empresario José Cutiño trabajó con seriedad, con esfuerzo y queriendo salvar una feria que seguía pagando la malísima gestión de anteriores gerentes (con capítulo principal para Serolo) y perdió y perdió. ¿Cuánto? Por los cuarenta, cincuenta o sesenta mil euros por año. Por ahí van las cifras. Y Cutiño dijo que hasta ahí podía llegar; y hay que agradecerle que lo intentara con profesionalidad y compromiso. Y algo claro: para alguien perder ese dinero es duro. Se llame José, Pedro, Manuel o Simón. Pero la historia real no es solo esa. Sino la siguiente
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Apología del cemento
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