La última semana esta página se asentaba sobre las primeras cinco tardes de la feria y tres columnas la mantenían. Una: la torera solidez de Juan del Álamo. Dos: la frescura de Román. Y tres: la llegada al paraíso de la puerta grande de Madrid de un Iván Fandiño al que nadie le regala nada y que encima va sorteando zancadillas interesadas de quienes quieren hacer su corralito sin que nadie les apriete el zapato. Fueron tres magníficos argumentos para la esperanza y el futuro anémico de esta Fiesta como no se revitalice pronto. Aquí hace falta claridad, novedad y vuelta a los valores de siempre: competencia, decencia y emoción. O no habrá futuro.
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