Lo recordaremos. Rememoraremos la fecha y su contenido. Diremos que lo vimos en directo o guardaremos el vídeo porque aun allí “sale el Espíritu Santo”. Fue el día en que casi todo sucedió y el mítico Morante de la Puebla salió a hombros en Bilbao como salen las vírgenes y los cristos en Semana Santa en su Sevilla a orillas del Guadalquivir, y no a horcajadas sobre el cogote de un tío. Fue el día en que Álvaro Núñez del Cuvillo, su familia y su gente demostraron que por encima de días buenos y días negros, son unos grandes ganaderos y lidian toros bravos, con fondo y con variedad. Fue el día en que Manzanares, el de Alicante, bautizado en las aguas del Mare Nostrum, demostró otra vez que es ahora como el coloso de Rodas de la tauromaquia. Poderoso, con el empaque de los toreros de época, con valor, con algo que marca a quienes son figuras de verdad. Porque esos toros medios, o incluso que no llegan a ese nivel, que no le sirven a casi nadie, sí le valen a José María. Ahí se asientan las figuras. Y Manzanares y Juli son los más capaces con el toro que no sirve a la mayoría. Y la fecha, ese 23 de agosto en Bilbao, contará con una cuarta noticia: un tal David Mora, que debutó en la primera división en Bilbao, con dos fieras en celo flanqueando su paseíllo, tiene calidad y valor para mantenerse, si la suerte no le es esquiva, en la primera división del toreo.
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Aquel 23 de agosto en Bilbao
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