Buena nota para las fallas de la reapertura. Ha sido como recuperar poco menos que el pulso vital en tiempos peligrosos en los que una plaza de toros cerrada es una golosina para los anti y una invitación a la desafección para los propios. En ese aspecto no parece que haya caso salvo que la dinamiten desde dentro. El diagnóstico final es claro, hay vida. Así lo atestigua la reciente realidad. Hubo toreo del bueno, mucho, y muchos nombres para la ilusión, empezando por Navalón y siguiendo por (pongan el orden que quieran, barra libre) Marco, Víctor, Rufo, De Miranda, Aguado… Nómina que hace evidente que salió premiada la apuesta por la juventud, cuestión que acerca a la renovación a un escalafón muy añoso que urgía de nuevos injertos, aspecto en el que Valencia, tradicional lanzadera de toreros, vuelve a coger peso. Llamémosles pues, cosecha Fallas-26. Todo ello sin olvidar las buenas actuaciones de los ya consolidados Roca Rey y Emilio de Justo.
Las caprichosas decisiones del palco ni deben olvidarse ni empañan el buen resultado artístico
Hubo toros de categoría en prácticamente todas las tardes, algunos excepcionales, con la particularidad muy a tener en cuenta que lo hicieron con registros de bravura diferentes, que la uniformidad ya se sabe que no trae nada bueno. Desde el Bravío de Santiago Domecq al Artista de Jandilla hubo ejemplares de mucha excelencia, como Cordelero y Cacareo de Núñez del Cuvillo, o Casero premiado con la vuelta al ruedo y Tallista premiado por el jurado a modo de la primera contradicción entre afición y autoridad, ambos de Victoriano del Río, ninguno de los cuales se le puede acusar de bobalicón, si es que algún toro lo pudiese ser. Todo ello dentro de un buen nivel de presentación general y por esta vez sin excesivo ruido en los reconocimientos.
Hubo también, cuestión clave para la supervivencia del negocio y defensa de la tauromaquia, mucho público, que es el mejor referéndum sobre la aceptación y vigencia del toreo, sabido es que sin clientela no se necesitarían abolicionistas. En ese aspecto asegura el empresario que hubo más espectadores que el año anterior y si un empresario no se queja hay que darlo por bueno rápidamente. Y hubo, no hay que olvidarlos, en ellos está el futuro, una pléyade de novilleros muy novilleros, los seis, Emiliano, Vilau, Polope, Juan Alberto, Julio Méndez y, sobre todo, el otro Julio, Norte, y si no descarto a ninguno es porque tuvieron mucho nivel, porque ninguno de ellos decepcionó y porque sabido es que los chicos cambian, que los hay de maduración precoz y los hay que necesitan de más tiempo de maceración más allá de todas las trabas y tentaciones que van a encontrar en el camino.
Diatriba autoritaria
Hubo pasión en el ruedo y en justa respuesta en los tendidos (hasta ahí fue bien la cosa porque qué si no es el toreo sino pasión) y también hubo, en este caso más que pasión locura en el palco, del que hay que defenderse, el mundo al revés señor Valderrama (conseller de la cuestión) para evitar la desnaturalización de la que ha sido una de las mejores aficiones de España, siendo como es y no como quieren estos señores que sea. Hubo tardes en las que por sus decisiones se rozó el conflicto de orden público, detalle que viene a demostrar el punto de riesgo al que se ha llegado y el despropósito que supone alterar el orden natural de las cosas. El mundo al revés, la autoridad llamada a defender el orden acaba alterándolo. No es una opinión personal, que lo es, es la creencia más extendida, basta con hacer un repaso de las principales tribunas periodísticas, incluidas las que tienen pedigrí madrileño y el comunicado de la Federación de Peñas como opinión de campo. Es evidente que el cesarismo salvador al que han sometido la feria desde el palco no se sostiene. Y desde luego nada de lo reivindicado significa barra libre a los tunantes ni laxitud reglamentaria, solo se exige conocimiento de la realidad y seriedad. Si el origen del despropósito está en que la presidenta declara para justificarse que hay que agitar con ganas los pañuelos algo poco serio está sucediendo. Un grupo no puede tener secuestrado toda una cultura o una manera de ver el toreo.
Navalón: “Todo ha valido la pena, incluida la cornada”
Por encima de diatriba tan grotesca como la que ha generado la autoridad, la feria ha tenido como feliz protagonista al valenciano Samuel Navalón. El de Ayora llega al toreo en un momento crucial. Dame un torero de la tierra y levantaré una plaza. Él es la herramienta última para revitalizar una afición que tuvo en El Soro y luego en Ponce sus últimos grandes motivadores. Este Samuel, en su tarde de presentación con lo que eso pesa, en proceso de recuperación de la terrible cornada de Algemesí y encajonado entre dos figuras consagradas, no se amilanó, cortó dos orejas que debieron ser tres y hasta cuatro en un estado natural de la cuestión o si la autoridad no se hubiese empestillado en su extraña cruzada salvadora de no se sabe bien que prestigio. El suyo desde luego que no.
El impacto no va a caer en saco roto y la agenda de contrataciones ha cogido vida, las principales ferias han comenzado a abrirle las puertas. Sería de justicia. El propio torero califica lo sucedido como “un sueño. Desde que llegué a la plaza hasta que me llevaron a hombros sentí sensaciones únicas. Tantos aficionados agolpados junto a mí, queriéndome tocar me impresionó mucho. El estar junto a los maestros fue otra sensación muy bonita. Sentía que todo lo que había trabajado y también lo sufrido, la cornada de Algemesí incluida, que todo había valido la pena”.
Ya en la plaza empezó atacando desde el principio. Tuvo el descaro de hacerle un quite al toro de Roca Rey porque no se aguantaba de ganas y porque como dice el maestro siempre lo hizo “él en sus principios tampoco perdonaba un quite y él es un ejemplo para mí”.
Califica a sus dos toros de muy bravos pero muy diferentes, aunque se queda con el segundo. El secreto de su primera faena asegura que estuvo en “cogerle la distancia y darle tiempo al toro y en el segundo el secreto fue reducirle la embestida y cogerle el ritmo. Sentí que me imponía y toreé a placer”.
Fue su primera salida a hombros en Valencia “la tenía visualizada, dice, pero no imaginé que fuese tan bonito. La gente me zarandeaba, me aclamaba, me llenó mucho, me hizo sentir feliz”. De la puerta grande se fue a cenar con los padres y amigos. La madre es la responsable de recopilar los recortes de prensa y cualquier detalle que resalte los éxitos de Samuel “en esas cosas es toda una máquina” asegura el hijo. Y para los amigos de los detalles y anécdotas, señalar que el terno blanco y oro que lució es el mismo que el de la alternativa en Albacete, con lo cual suma dos salidas a hombros claves en su carrera y un tercer triunfo en Madrid, así que tiene decidido guardarlo y reservarlo para alguna otra ocasión de máximo compromiso.
Dos referentes de la feria, Navalón y el conseller Valderrama, el futuro en sus manos.
