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Arles, Dax... ¡y también Villena!

Tensión e intensidad. Muchos toros y carteles interesantes. Es lo que corresponde a la época del año, a septiembre y sus fiestas. No debería ser noticia por eso mismo pero ahora mismo lo es, significa que resistimos, que es concepto de lo más honroso y esperanzador en las situaciones difíciles, incluidas las bélicas. Y no me he pasado, que hay días que esto parece la guerra. Si no nos la hacen desde fuera la inventamos desde dentro. Por todo ello, visto desde la perspectiva actual, sin apenas atención mediática, con las corrientes de opinión a la contra, con las subvenciones dedicadas a las labores partidistas más delirantes -no es que reclame aquello de café para todos que ya hace que no se lleva ni sería bueno hacer bandera de ello, nos conformaríamos con que nos dejasen hacer-, con los pícaros y pillastres de siempre -también podríamos llamarles golfos- queriendo arramblar con las migajas de los más necesitados, pese a todo eso o por todo eso, hay que celebrar el buen nivel, tensión, intensidad e interés de las últimas jornadas.

Juan Bautista, el nuevo delfín en los despachos galos, y Enrique Ponce, rey desde tiempo inmemorial en lo suyo, protagonizaron una tarde para el recuerdo: nueve orejas, dos rabos, dos toros de vuelta al ruedo, otro toro indultado… ¡ni en la alternativa de Parrita!

El sábado mismamente, sin despreciar al resto de las plazas, había tres puntos calientes, de los que podríamos calificar de especial interés. Dax, donde Emilio de Justo se anunciaba con seis de Victorino, palabras mayores, pocos en la historia se atrevieron a esa ocurrencia si me permiten la ironía -en realidad se trata de una machada-, que resolvió a plaza prácticamente llena, que no son palabras menos mayores. Arles era el otro punto referencial, Francia responde, en este caso papel acabado y mucha historia, mucho argumento en el cartel, se retiraba del toreo activo, de momento porque con los toreros siempre hay que establecer esas reservas, digo que se retiraba de los ruedos, que no de los despachos, Juan Bautista, el nuevo delfín del toreo galo, y le acompañaba nada menos que Enrique Ponce, este rey desde tiempo inmemorial, torero de orgullo sin fin y sin empachos, pese a ello para sustituir a un compañero, ya con la memoria de la rodilla catastrófica borrada y la ambición tan afilada como siempre. Todo ese conglomerado de circunstancias, argumento le llaman ahora, condujo a una tarde para el recuerdo: nueve orejas, dos rabos, dos toros de vuelta al ruedo, otro toro indultado… ¡ni en la alternativa de Parrita! y si hay que reseñar más toques sentimentales decir que en los prolegómenos sonaron los himnos de España y Francia sin que a nadie se le ocurriese tachar a nadie de fascista, cuestión que aunque no deja de ser una perogrullada en el reino del buen raciocinio, en esta tierra, la nuestra, sería cuanto menos un atrevimiento con riesgos de abucheo. Tampoco a nadie se le ha ocurrido borrar la bandera de España que circunda la balconada de todo el graderío alto de Dax, así que cada vez que las cámaras enfocaban las alturas te daba coraje y pena pensando en la de plazas españolas que la disimularon con otras ornamentaciones. Gracias.

Los victorinos fueron en Dax como el pavés francés, difíciles e incómodos, y De Justo los superó con templanza, arrestos, pocas quejas, con la bandera del toreo puro y renuncia absoluta de efectismos. No hubo apoteosis pero sumó prestigio

La tercera pata de tan hermoso banco sabatino fue Villena. No es chauvinismo, es de justicia. Me dirán que tiene menos rango taurino y seguramente sea así, pero desde luego por esta vez no tiene menos importancia. El sábado se convirtió en un símbolo. Villena, recuperada para el toreo tras varios años secuestrada por un grupo de intolerantes y sectarios. Trescientos en la puerta con las cantinelas ofensivas de siempre -un periódico de la zona lo califica de protesta multitudinaria, cuando ni siquiera eran trescientos como dicen ni trescientos son multitud, queda retratado- y tres mil dentro con el respeto como bandera y pagando. En una tierra donde desde tiempo inmemorial celebran festivamente las diferencias entre moros y cristianos, unos pocos no son capaces de aceptar la convivencia con la tauromaquia. Siguen retratándose. Será un problema de cultura, de no cultura quiero decir. Naturalmente se llenó la plaza de toros, uno de los recintos más bonitos y cómodos de la geografía taurina gracias a una restauración ejemplar impulsada, ahora sí, por una mayoría de la población. A propósito, no hay que olvidar que por muchos usos que se le den, que deben dárselos, es ante todo plaza de toros. Los toreros, Fandi, Manzanares y Palazón, salieron a hombros por lo que hicieron y porque era el día para ello. Tomada Villena en nombre de la ley, ahora queda Xàtiva.

Villena, tierra donde desde tiempo inmemorial celebran festivamente las diferencias entre moros y cristianos, unos pocos no son capaces de aceptar la convivencia con el toreo. Será un problema de cultura, de no cultura quiero decir. Ahora recuperada en nombre de la ley, nos espera Xàtiva

A estas alturas de la columna tengo la sensación de que dejé atrás varios matices sobre la actuación de Emilio de Justo. No digo encerrona, palabro tan al uso porque reconozco que me repatea y resta importancia a lo que normalmente es una gesta. Además de sonar feo, es equívoco, según la RAE significa obligar a alguien a hacer algo contra su voluntad, en otra acepción significa trampa, emboscada y en términos taurinos lidiar toros en privado… Evidentemente nada de eso ocurrió. No importa, seguirán llamando a semejantes hazañas encerrona. El caso es que cortó cuatro orejas a la corrida, que no es poco premio; que esta vez no hubo espada triunfadora, más bien al contrario; que los mató como decían los antiguos, sin sudar, significa sin agobios, que tampoco es poco; que en los seis el mérito estuvo por encima de la brillantez; que no hubo materia para más, los victorinos no fueron ni alimañas indómitas de los que ve todo el mundo ni esos dechados de templanza que tanta fama le dieron, fueron mucho peor, fueron correosos, desiguales, inciertos y además les picaron en general poco para lo que necesitaban; y si no hubo la explosión que tantos deseábamos quedó clara la capacidad del matador. En cualquier caso es otro paso adelante de este De Justo, que, como decía de Ureña la semana anterior, transita por los caminos más duros, en este caso habría que decir por el pavés francés, con templanza, con arrestos, con pocas quejas, asumiendo su papel, con la bandera del toreo puro como argumento y con renuncia absoluta de efectismos, detalles que en el peor de los casos le quitan velocidad pero le compensan en prestigio.

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Arles, Dax... ¡y también Villena!

José Luis Benlloch

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