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Aventura y riesgo sin límites en el Perú profundo

Cuando la vocación es una obsesión o cuando perseguir un triunfo que se muestra esquivo te saca de casa y te empuja a la otra parte del mundo o cuando los mínimos de seguridad médica son cuestiones que te pasas por el forro de tu capote, o cuando el sistema, en el mundo del toro se le llama sistema al entramado empresarial, no cree en ti con más o menos razón para ello, en cualquiera de esos casos o en todos, si vas en serio en tu empeño de querer ser torero, te subes a un avión: un billete de ida, no más, unos pocos ahorros que suelen ser breves, un vestido de luces, las espadas, los chismes (en el toreo se les llama así a los trebejos de torear) añades cuatro recortes de prensa que avalen tus cualidades… y pones rumbo a la otra parte del mundo, en este caso a Perú, el país donde se vive una renacimiento torero de tales dimensiones que ha superado a México en aquella consideración que hizo el llorado Fernando Vinyes cuando escribió que era el otro país donde los toros son fiesta nacional, pues ya no es así, el otro país es el actual Perú.

Es el caso de un valenciano, Miguel Giménez, matador de toros, nacido en la Pobla de Vallbona, segundo intento familiar de triunfar en el toreo (su padre ya probó fortuna en el arte de lidiar toros) con alternativa en Navas del Rey en septiembre de 2015. Lleva tres temporadas consecutivas viajando hasta el país andino donde todos los años suma entre veinte y treinta corridas de toros, una odisea de dureza extrema que solo los éxitos van suavizando y en la que consigue oficio además de encontrar recompensa económica, cuestiones que en España le estaban prácticamente vedadas. Lo justo para seguir soñando y qué es el toreo sino un sueño aliñado de no poca locura.

“Si preguntásemos por aquellas enfermerías no toreábamos nadie”

Tras la alternativa, cuando se le cerraron las puertas de las plazas españolas, surgió la ocasión de viajar a Perú. No se lo pensó, dejó el trabajo en una fábrica de electrónica en Benisanó y arrancó la aventura. A Lima llegó ligero de equipaje, un vestido nazareno y oro y un traje corto. Iba contratado para dos corridas de toros en la región de Cajamarca y acabó toreando ese año quince tardes, me cuenta.

Así de bien toreó el valenciano en Tafalla.

-Fui con la intención de prepararme, para coger oficio y volver a España donde intentar de nuevo una escalada en nuestras plazas. Me fueron saliendo las cosas bien y fui aceptando nuevos contratos. El objetivo era torear cuanto más mejor y es lo que hago desde entonces.

En ese segundo circuito (o tercero) de plazas peruanas donde torea Miguel y otros cuantos diestros españoles, en la mayoría de los casos están en la sierra a una gran altitud, algunas están por encima de los tres mil y cuatro mil metros y cada tarde es una aventura. En compensación, bromea Miguel “no existe Hacienda, ni la burocracia de los boletines, todo es más informal, más libre” pero en cambio sí hay que lidiar con cuestiones mucho más relevantes.

-Salen toros de lo más dispares, -cuenta el torero-. Igual te encuentras ejemplares cuajados y con mucha edad que eralotes chicos, toros que embisten mucho y otros nada. En ese aspecto no hay ninguna garantía. Hay plazas en las que acaban soltando veinte toros una tarde. Si uno no embiste lo retiran y sacan otro. Salen de toda condición, no te libras ni de los viejos ni de los toreados, todo es una sorpresa. Así es aquello.

-Las dificultades van más allá de lo que ocurre en el ruedo.

-Con todo y con eso, siendo duro y arriesgado no es lo peor. Los viajes, muchas veces en autobús en trayectos de cientos de kilómetros por la sierra, que duran quince y veinte horas, son tremendos. Apenas se puede dormir y cuando llegas, sin más preparativos, vas directo a la plaza a torear.

-Si te pregunto por las enfermerías y los medios asistenciales…

-¿Te tengo que contestar?

-Sí.

-No lo pienso, si lo pensase no torearía. Eso creo que les pasa a todos los compañeros en mi situación que acuden desde España.

-Habrá dinero por lo menos.

-Sí lo hay, eso ayuda, si no lo hubiese ya sí que no valdría la pena. Uno asume esos riesgos por el dinero y por adquirir oficio para cuando vuelva a España tener los recursos técnicos necesarios e intentar el asalto a las ferias. Si no fuese así sería una locura sin fundamento.

-Escuchándote es para maldecir lo que llaman una oportunidad.

-No, no. Es duro, pero yo le estoy muy agradecido al toreo peruano. Me tratan bien, aprendo, subsisto y me sube la moral para soñar que un día se me abrirán las puertas de las plazas españolas.

“Toreo por coger oficio y también por dinero con la ilusión de volver a torear en España”

Miguel ha toreado en Valencia tres tardes de novillero, pero no ha debutado como matador de toros, lograrlo en esta nueva singladura es su gran sueño y participar en las corridas de la Copa Chenel que se organizan en el entorno de Madrid, forma parte de su estrategia para abrir puertas. De momento va viendo la luz, en su último y reciente viaje a España ha toreado una corrida en Tafalla, donde los toros no han sido más chicos que los que le esperan en las plazas peruanas, más bien al contrario, pero eran de una divisa histórica, del Conde la Corte nada menos, frente a los cuales me cuenta que estuvo muy a gusto y cortó oreja.

-He notado el oficio que traía de Perú.

Chota, Cutervo, Ayaviri, Santo Tomás, Coracora, Nuñoa, Anta, Catache… son plazas referentes de ese segundo/tercer circuito en el que hay cosos de mampostería muy parecidos a los españoles y de gran aforo, pero también hay otras construidas a base de imaginativos tinglados y no menos aforo en las que el equilibrio de mantenerse en pie entra directamente en el territorio del milagro, incluso las hay en las que las barreras del ruedo son una muralla humana contra la que es frecuente que embistan los toros.

-Suele acudir mucho público a las ferias. El secreto está en la participación de las gentes. Te diría que hay plazas en las que los aficionados aportan y donan de todo con tal que se celebren las corridas. Es como la feria de todos, un orgullo para ellos.

-¿Cuándo te vuelves?

-Ya mismo, este viernes toreo en Catache.

-Suerte.

Ponce y Manzanares, referentes en la asolerada Lima

Perú tiene en su capital, Lima, una plaza de máxima categoría a la que las crónicas se suelen referir como el bicentenario coso de Acho. Tal es su categoría que los espadas españoles confirman la alternativa como señal de respeto a su afición como hacen en Madrid. A su feria del Cristo de los Milagros han concurrido históricamente las primeras figuras españolas que suelen presumir cual si fuese un hito de las veces que han conquistado el Escapulario de Oro con el que se distingue a los triunfadores. Ponce y Manzanares están a la cabeza de su cuadro de honor a la espera de que algún compañero les pueda superar. En su feria, que se celebra los sábados y domingos entre octubre y noviembre, se lidian toros españoles que se importan cada año, muchos de ellos son indultados y se quedan como sementales en las ganaderías peruanas.

Ese Acho lujoso y aristocrático estaba reservado a las figuras españolas que acudían, toreaban y se volvían sin acudir a muy pocas o a ninguna otra plaza del país que quedaban en un segundo circuito que apenas tenía trascendencia a este lado del océano. Ya no es así, con el boom taurino del país las figuras también acuden a ese segundo circuito que antes no consideraban. Las plazas tienen un gran aforo y los diestros cobran un buen caché en una temporada que se prolonga prácticamente a lo largo de todo el año y a la vez abren sus puertas a otros espadas españoles que buscan, como Miguel, mantenerse artísticamente vivos, ahorrar unos dineros que en España no están a su alcance y hacer llegar sus éxitos a nuestro país a la espera de que les vuelvan a abrir las puertas de sus plazas.

En toda esa ascensión mucho ha tenido que ver Roca Rey, peruano, formado en España, donde llegó siendo un niño y ha vuelto convertido en primera figura del planeta toro al que no pocos postulan incluso para altas responsabilidades políticas en su país. Todo ello pese a las acciones de los activistas antitaurinos que están siendo desbordados.

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Aventura y riesgo sin límites en el Perú profundo

José Luis Benlloch

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