Una gran corrida en Las Ventas sumada a las lidiadas en plazas como Palencia, Burgos o Tafalla y la guinda del toro “Tasador” jugado en Zaragoza, han dado carta de naturaleza a una temporada que enmarcará la divisa burgalesa de Antonio Bañuelos. Veinte años de andadura, coronados con un ejercicio en el que se han combinado las esencias de esta casa: hechuras clásicas del toro ibarreño, la calidad como tesoro mayor y la bravura convertida en transmisión al tendido.
“El toro debe mostrar su entrega, su codicia, su clase, su manera de descolgar y de perseguir la muleta durante mucho tiempo y muy seguido en el último tercio. Eso lo hicieron los toros de Madrid”
“Nuestro prototipo de toro es el ibarreño. Queremos toros bajos de manos, con mucho cuello y pitones acodados que den importancia al animal pero que quepan a la vez en la muleta”
“La corrida de Las Ventas sirvió para refrendar que esta es una ganadería de garantías también en plazas de este nivel”
“El balance del año es muy bueno. Tengo la impresión de haber acabado una temporada en la que nos hemos consolidado”
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Bañuelos, la temporada soñada
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