De las cuatro grandes plazas francesas la primera en cerrar el curso fue la de Bayona. El 4 de septiembre una corrida de santacolomas de La Quinta, con versiones notables de El Juli y Juan Bautista. A El Juli, guerrero pero templado, se le fue trasera la espada porque no descolgó en la hora de la muerte el toro que mejor toreó. A veces no descuelga un toro o no se le ve la muerte. Después de un pinchazo, el toro encastado de sangre santacoloma suele avisarse o ponerse por delante. Ese quinto de corrida, por ejemplo, que iba a hacer cumplido los seis años naturales dentro de un mes. Al segundo toro de la tarde le pegó Julián hasta seis pinchazos. Los mismos que el año anterior y casi en la misma fecha a otro santacoloma, del hierro de Ana Romero, que lo tuvo en la diana cada vez que lo vino venir con la espada montada.
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Bayona o el prestigio
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