Grande Bilbao. Se ha demostrado un año más. Es la feria del equilibrio, la seriedad y en muchos cosas el ejemplo. Una Junta que trabaja sin lucro y sin descanso, una filosofía con argumentos sólidos y, eso sí, un problema que habrá que estudiar y atacar: baja y preocupa la presencia de aficionados en la plaza. Ya sé que hay crisis pero algo más sucede; y los responsables de esta magnífica feria deben encontrar la clave. Algo falta o algo falla o algo ocurre en esta sociedad vasca que está volviendo la espalda a la fiesta de los toros. San Sebastián se ha cerrado y no oigo ruido ni manifestaciones por ello. Vitoria está en estado preagónico y no veo a los “doctores” taurinos volar en ambulancias cargadas de soluciones hasta la capital vasca. Y Bilbao siente la erosión. El día que más gente hubo me cuentan que en torno a siete mil y pico. Y la media debe andar bastante por debajo. Y Bilbao no se puede perder. Es una de las grandes joyas de esta corona que ya empieza a mellarse demasiado.
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Bilbao, baluarte vasco
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