El trapío puede ser más armonía que descaro. No hay toro bien hecho que no tenga trapío; las hechuras buenas son necesariamente armónicas; el descaro está casi siempre reñido con la armonía y, en consecuencia, la armonía de proporciones es la seña mayor del trapío de un toro.
Dentro de la dispar corrida que Cebada Gago lidió en Bayona el primero de septiembre pasado -apertura de la Feria del Atlántico- saltaron dos toros de ejemplar armonía. Un Peluquero cárdeno claro y moteado, número 72, 490 kilos; y un Cencerrillo entrepelado, número 33, 463 kilos. Cortos de manos, bajos de agujas, con ese aire un punto felino que tienen en Cebada los toros de cruza predominante de sangre Núñez. Es esa sangre la que confiere velocidad. La invención de la pólvora: nada que no se sepa.
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