Su sello en el toreo es la distinción. Manzanares rezuma en el ruedo el mismo porte, elegancia y clase con la que camina por la vida. Un artista que ha sabido conjugar el verbo de la regularidad. Compromiso dentro y fuera de la plaza. Su temporada no ha sido extensa pero sí intensa, donde una vez más, su Sevilla ha sido el altar en el que se ha venerado todo el misticismo de su tauromaquia. Se afianza un año más en la cumbre aunque, en este torero sí se cumplirá, lo más alto todavía está por llegar.
- Ha pisado los grandes escenarios creando expectación, asumiendo el peso de la púrpura y con ambiente de figura
- Sus dos puertas del príncipe en Sevilla le coronan dueño y señor del corazón de la Maestranza y le dan categoría
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