Cuando ya da igual ocho que ochenta; cuando la Fiesta pierda todos sus valores, y el toro sea tora, y el toreo sea utopía, nos resta el consuelo de que siempre quedará Madrid y esos diez mil aficionados que todavía entienden que la Fiesta es el toro como primer mandamiento. Y que el Domingo de Ramos acudieron con fidelidad y esperanza a Las Ventas.
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